Trabajos de la Asociación YIHDES

Francisco Quiroz Chueca: “Yo me he formado más como un historiador que piensa en las estructuras de la sociedad: la economía, las relaciones sociales y las políticas de largo plazo.”

Por José Samuel Querevalú

La Asociación YIHDES, buscando obtener la experiencia y opinión de diferentes especialistas, entrevistó al historiador Francisco Quiroz Chueca, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Doctor en Ciencias Sociales y especialista en la historia económica y social del Perú y Latinoamérica entre la Colonia y la República. Ha sido director de la Escuela Profesional de Historia de la UNMSM y presidió el V Congreso Nacional de Historia. Es miembro de diversas instituciones académicas peruanas y extranjeras ganando becas de estudio e investigación. Autor de numerosos artículos en revistas y capítulos en libros, dirige la revista electrónica Nueva Crónica.

¿Cómo nació su motivación para decidir estudiar historia?
En realidad yo estaba, como todos los jóvenes, siempre pensando que cosa hacer.  Provengo de una familia de abogados, los dos abuelos abogados, hermanos mayores abogados y me intereso siempre tres cosas: literatura, geografía e historia. Al final me decidí por la historia en tanto que pensé que se puede hacer literatura y geografía desde la historia y más difícil hacer desde otra. En la práctica tampoco fue muy fácil, si he seguido leyendo como antes literatura pero la geografía me empezó a interesar cada vez menos y menos, ósea no como admirarse de paisajes sino más interesado.

Pero por otro lado, también porque en mi casa estamos hablando de una tendencia muy fuerte de letras. Como yo soy de los últimos, el último de los varones, siempre me miraron como que yo debía ser o el médico o el ingeniero, porque en la familia no hay. Entonces medico lo descarte rápidamente porque tengo fobia a la sangre pero ingeniero no, creo que al final logré hacer prevalecer lo que yo quería estudiar y eso es bueno para todos. Porque estamos hablando de los años 70, donde ser historiador era, en broma, comer solo los primeros dos días del mes, cinco días del mes y después que vas hacer, algo así. Me parece genial haber hecho prevalecer esto, no me arrepiento desde ninguna perspectiva. Creo que hasta volvería a ser historiador si es que volviera a nacer.

Desde que comenzó a estudiar en San Marcos a la actualidad ¿cómo considera que ha evolucionado la ciencia histórica en el Perú?

Bueno, lo que pasa es que la historiografía ha cambiado no solamente en el Perú, en San Marcos sino en todo el mundo. Yo me he formado más como un historiador que piensa en las estructuras de la sociedad: la economía, las relaciones sociales y las políticas de largo plazo. Sin embargo eso bastante ha pasado a ser una de las tendencias que creo que se necesita vitalizarla más todavía. Ahora muchos estudian coyunturas, estudian casos más concretos, estudian casos singulares más que tendencias de largo plazo, más que las estructuras sociales junto con las económicas y las políticas para poder entender. Hay cosas positivas por supuesto en estas innovaciones, pero a mí me parece que no hay que olvidarse de esta tendencia genérica por mirar más específicamente y preferentemente lo puntual.

En su opinión ¿Qué características contempla la investigación histórica que la diferencia de otras investigaciones?

Mira no hay historia donde se carece de dos elementos: uno es la dimensión temporal, la diacrónica. Es decir, el fenómeno entendido a través del tiempo, que cambia a través del tiempo. Y lo otro es lo social, no se trata de cualquier fenómeno sino tiene que ser un fenómeno social. Esto si es básico porque la historia no estudia el pasado, la historia no estudia el tiempo, la historia estudia la sociedad en el tiempo. Es muy diferente esto porque un estudio de las armas antiguas, para mí no sería historia, sería un estudio para una oploteca, sería un estudio para un museo, sería un estudio sobre algo concreto material. La historia no estudia los elementos materiales solamente, si es solamente de eso, no es historia.

Será historia cuando se estudia la sociedad o digamos las armas en el sentido de ser un artefacto, es decir hecho por la sociedad para la sociedad pero no las armas como tal, como objetos materiales. Si la historia es el estudio de la sociedad a través del tiempo y los cambios sociales a través del tiempo, cambios significativos sociales a través del tiempo, entonces hay dos cosas: se identifica fácilmente la historia pero además se identifica cualquier otro trabajo que no sea formalmente de historia pero sí como que es de historia. Ósea, el trabajo por más que lo haga un antropólogo de profesión, si tiene en cuenta el cambio social a través del tiempo, es de historia por más que no tenga el rotulo de historiador. Pero también esta lo otro, si el trabajo aunque sea de historiador pero que no sea de cambio a través del tiempo, cambio social a través del tiempo entonces no es de historia, puede ser cualquier otra cosa, no lo vamos a discutir. 

PREGUNTAS SOBRE SU PERCEPCIÓN DEL ÁREA LABORAL:

Cambiando de tema ¿cómo se inició en la docencia? y ¿qué ventajas se obtiene un historiador al ejercer la docencia?

Empecemos por la segunda, la gran ventaja que se tiene de la docencia es que permite la investigación, es más exige la investigación. Claro tú puedes ser el profesor que tiene sus apuntes amarillentos, puedes serlo y seguirás siendo siempre, pero dejaras de ser historiador. La docencia, la buena docencia por supuesto, te permite seguir investigando y te exige ser investigador pero hablo de buena docencia no solo por a quien enseñas porque toda docencia es buena en ese sentido, no es mejor una que otra. Pero la buena docencia en el sentido del trato laboral porque si te van a pagar diez soles por hora, cuantas horas necesitas una remuneración más o menos decente para vivir tú y tu familia. ¿Cuantas horas al día? claro pero estas trabajando ocho horas al día, regresas sin alma a casa y cuando podrás trabajar lo tuyo.

Entonces a mí me parece que tiene que estar ligado a esto, tu pregunta tiene que estar ligada a condiciones laborales. Un buen docente tendrá que ser aquel que  puede con un horario decente y aceptable, teniendo el tiempo suficiente para dedicarse a la investigación. Y eso no lo dan normalmente los colegios nacionales y colegios particulares malos no te lo dan, porque ahí es donde te pagan diez soles por una hora y terminas trabajando demasiado. Lo que si te lo da es la universidad pero buenas universidades no malas. Malas universidades no te pagan diez, de repente te pagan veinticinco, treinta o algo por el estilo y tú no tienes como organizar tu tiempo libre entre comillas. Entonces creo que la docencia tiene que ser en ese sentido buena para ser de calidad porque si tú no investigas vas a ser un profesor de apuntes amarillentos. En cambio si tú investigas puedes ser un excelente profesor del nivel que sea.     

La primera parte de la pregunta se refiere a cómo llego y en realidad yo llego a la docencia porque primero pude trabajar con el profesor Macera en el Seminario de Historia Rural Andina hasta que tuve que salir de ahí porque era un excelente trabajo, me ayudó muchísimo eso, pero pesimamente remunerado. Es más, había meses que no me pagaban nada, me pagaban muy poco pero hasta meses enteros que no me pagaban. Y como yo tenía esposa e hijo tuve que buscar un trabajo que si tuviese plata pero precisamente usaba todo el tiempo libre para investigar. Al principio entro a la docencia de un colegio, el colegio Franco Peruano, que pagaban muy bien para mí que no tenía trabajo. Pero los mismos profesores que tenían años se quejaban de todo eso, para mí era un paraíso pero para ellos no.

Estuve ahí dos años antes de cumplir, en ese entonces, los tres para poder ser ya nombrado y a todos los que estábamos en esas condiciones nos sacaron. Pero paralelamente entro a San Marcos, contratado en el año 85 a tiempo parcial con una remuneración muy baja pero que sin embargo me ayudó muchísimo a empezar esta tarea de trabajo universitario con muchas otras satisfacciones. Entonces del año 85 al año 90 yo fui contratado a tiempo parcial con remuneración horrible, entré al concurso.  Y me parece excelente porque dictar historia en una universidad pública te  garantiza bastante la libertad no así en una universidad privada, las privadas si tienen parámetros a pesar de lo que dicen de San Marcos. Las universidades privadas, sobre todo las malas universidades, tienen demasiados parámetros. Para empezar los cursos que dictas tienen sesgos, ósea los dictas tu pero con un conjunto de otros profesores. En muchas universidades no tienes la libertad para elegir temas o enfoques. Tengo también experiencia en la universidad de los jesuitas, la Antonio Ruiz de Montoya y lo que puedo decir es que los jesuitas son una orden que privilegia esta libertad, ellos mismos lo ejercen y entonces nos dejan ejercerlas. Entonces ahí no hay curso que todos tengamos que dictarlos igualitos porque eso en mala universidades te hacen examen único y si hay eso todos los profesores tiene que estar en el mismo ritmo y con los mismos temas, pero en este caso no.   

En la actualidad un número elevado de alumnos de últimos años y egresados de historia se dedican a laborar en archivos ¿Por qué creé que sucedo ello?

Yo lamento mucho eso porque se trata de una mala concepción de lo que es el trabajo del historiador. El trabajo del historiador tiene cuatro ambientes, uno es la docencia, otro es la gestión, otro es el trabajo en archivos pero el principal es la investigación. La investigación es el principal, el que tiene que ser la base de todo porque uno será mejor docente, como venimos diciendo, si eres investigador, uno será mejor gestor si eres investigador y uno trabajara en archivo mejor si eres investigador. Pero el problema con el archivo es que al hablar de archivo uno tiene que estar refiriéndose principalmente al archivo histórico no al archivo de gestión. No al archivo que puede tener una institución pública privada económica que maneja sus papeles cotidianos que necesita para los trámites que realiza, ese es el problema. Sería mejor si fuese en archivos históricos pero no, casi el cien por ciento de los egresados de historia se encuentra trabajando en archivos. El gran problema es que ahí se quedan y entonces tú te encuentras con un egresado que tenía su proyecto muy bueno pero diez años después y sigue en el mismo archivo donde trabajaba y eso es bastante feo.

No es malo trabajar en archivo, por supuesto, porque todo trabajo es bueno siendo honesto, es dignificante pero para eso no es lo que has estudiado. Entonces esto se privilegia porque hay una tendencia aquí en San Marcos, y en otros lugares también, a pensar que el historiador hace bien las cosas si es que entra a trabajar a un archivo. Lo que pasa es que como casi no hay carrera de archivero, casi no hay, son muy pocos los que han desarrollado sus habilidades según una instrucción formal en la Escuela Nacional de Archiveros o en el exterior. Como casi no hay se suple con gente de historia que maneja la documentación ósea tiene esas habilidades para manejar la información y documentación así es que son contratados por los archivos.  Y como trabajan en actividades bastante importantes como son entidades grandes pueden salir ganando 1500 soles, solamente habiendo egresado. Yo hubiese querido ganar eso al momento de salir de la universidad, los hubiese necesitado realmente. Pero que sucede es que esto está bien para iniciar y mientras tú haces la investigación para la tesis, por ejemplo, pero no para quedarte. Pasan los años, tres años después sigues ganando lo mismo, máximo te han aumentado por tus calificaciones pero diez años después estas ganando solo 3000 y ahí llegaste a tu tope. Sobre todo en una entidad pública donde tienes una escala de remuneraciones que es más inflexible y lo que fue atractivo en un principio ya no lo es pero ya te quedaste.

Entonces a mí me parece que es un buen trabajo inicial, además con la condición que no sea como mucha gente termina siéndole, sabe cuándo llegar al trabajo pero no sabe cuándo salir. Sabe que a 8:30 am tiene que entrar al trabajo pero no sabe, siendo las 7 pm, que de repente va a salir o no. Siendo un trabajo de transición hacia una madurez me parece que tiene que ser también un trabajo que permita esa transición, es decir terminar la tesis, concluir los estudios si todavía falta algo y hacer una maestría, por ejemplo. Sobre todo ahora maestría que se necesita para ser profesor universitario, entonces trabajas en un archivo mientras haces la maestría con los estudios y la tesis; ahora sí, chau archivo, me voy a una universidad para poder encontrar un trabajo.        

Justo mencionó un tema muy interesante para nosotros con la gestión cultural, ¿cómo se está abriendo el campo laboral de la gestión cultural para los egresados en historia?

Es muy importante porque yo creo que todavía la sociedad tiene que abrirse, se abierto mucho más de lo que antes existía. El tema está en que a mí me parece que todo gobierno local, municipal, distrital, provincial, regional, instituciones necesitan tener algo así como asesores culturales, todos. Que estén pensando todo el año que hacer como proyección a la sociedad, como responsabilidad social. Inclusive las entidades económicas privadas necesitan esta responsabilidad y uno de los gestores, no el único, porque también puede ser un historiador, también podría ser un arqueólogo, un antropólogo, un sociólogo pero digamos que uno de ellos es un historiador. El tema está en que no todas las entidades entienden la necesidad de aportar algo a la sociedad, devolverle algo a la sociedad desde la perspectiva de una gestión cultural.

Inclusive no todos los municipios o gobiernos regionales tienen esto, donde sea un historiador, arqueólogo, antropólogo el que conduzca la gestión, es decir actividades de extensión cultural para la sociedad. Inclusive también debería poder ver un calendario cívico en la localidad para ver que se acerca el aniversario de fundación, entonces hay que ver cómo hacemos para mantener una serie de actividades que permitan mantener la memoria colectiva del pueblo, de la provincia, distrito, región o departamento. Entonces yo creo que se ha abierto mucho más, estamos mucho mejor  pero una de las tareas que yo le digo a los estudiantes es que cada quien tiene que tratar de abrirlo. Es decir, presentarse y tocar la puerta de tu municipio donde naciste, de tu familia o donde vives y decirles: “oye mira, yo vivo aquí, soy de aquí, soy historiador” y cuando te digan: “¿y eso que significa?” explicarles: “mira, yo he visto que no tenemos en nuestro municipio [o distrito] un programa cultural ¿qué te parece si lo hago?”. Entrando, abriendo el mercado, creando el mercado, creando las necesidades y solucionándoles los problemas a una burocracia que no entendía y por eso no lo hacía.

Pero la burocracia también entiende cuando no ve su cargo amenazado si entiende y apoya. Lo único que si recomiendo es en campaña electoral no ir porque todos los candidatos te van a prometer: “Si eso lo hacemos, por supuesto, excelente idea, ven a buscarme”, apenas ganan vas a buscarlos y no están, para ti no están. Porque es mal momento, hay que escoger en los momentos pacíficos, digamos. Apacibles en el sentido que no hay una ninguna urgencia, todavía queda todo un año para la celebración. Ahí es donde decimos: “mira este año no se hizo nada porque no hacemos el próximo año, te puedo ayudar en esto, te soluciono el problema”, claro no decirlo tan directamente pero al alcalde decirle: “mira tú te puedes ganar el cielo con las aves marías que yo voy a rezar”, algo así.  



                       Profesor Francisco Quiroz Chueca 
                       Foto tomada de César Ayala Diago 
                    (https://www.facebook.com/cesar.a.diago)                     

Entonces se podría decir que este sería el nuevo reto al que se enfrentarían los egresados en historia.

Es un nuevo reto no para historia solamente, para todos. Es un reto bastante simpático porque yo prefiero que en muchacho este en cuatro paredes burocráticas que en cuatro de un archivo. Es decir, ahí por lo menos tienen más posibilidades de ser creativos, de hacer un parque histórico en tu distrito, de crear una biblioteca histórica también que influya lo histórico y hacer un programa con los colegios. Hacer un programa de los famosos miércoles o jueves culturales, sábados, tarde culturales en el distrito, donde puede no ir mucha gente pero si va algún interesado y visitar los colegios, ahí hacer las cosas con los profesores y estudiantes. Ver las instituciones que hay en la localidad, tratar de animarlas para que se incluyan, aunque sea pagando un poquito los costos. Pero eso es mucho mejor y aprendes mucho más que cuatro paredes. 

Yo creo que si hay mucho potencial en esto, es más existen normas que te apoyan en esto porque en educación se obliga a tener contenidos locales que no existen hechos. Entonces arqueólogos, antropólogos historiadores, sociólogos, podríamos trabajar en esto para municipios, es decir: “Mira, la ley dice que el 30% de los materiales de los contenidos de los cursos tienen que ser locales. Ustedes tienen poetas, tienen narradores, tienen una geografía, tienen una economía, tienen historia, tienen tantas cosas. Nosotros vamos a determinar eso para poder trabajarlo”, eso sería genial, lo pueden hacer ahora. Yo creo que hay que sensibilizar como se dice, sensibilizar al burócrata para que el burócrata entienda que lo que tú estás haciendo no es venir a complicarle la vida, ni a quitarle el trabajo, sino más bien facilitarle las cosas.

PREGUNTAS SOBRE EL CONTEXTO ACTUAL:

Profesor, ¿cuál es su opinión sobre la propuesta de crear el Colegio de Historiadores?

Por ahí viene el caso, el problema está en dos cosas: uno es que existen colegios de todas las especialidades menos de historia. Y dos, en ninguna parte, casi, del mundo hay colegios de historiadores, nosotros seriamos el único o casi el único. Entre estos dos extremos, donde técnicamente un colegio sería positivo, es más, cuando le pregunten en la mesa directiva del congreso en un momento: “esta este proyecto de la creación de un colegio para los historiadores” lo más probable es que todo el mundo vayan a votar a favor pensando pobrecitos los historiadores no tenían colegio, felizmente van a tener. Porque uno siendo abogado, siendo psicólogo, siendo periodista, siendo trabajador social, siendo arqueólogo van a pensar que todos estos legisladores: “claro, tenemos y ojala los historiadores también tengan el suyo y que funcione bien”.

¿Cuál es el problema de esto y por lo cual yo me opuesto, y me sigo oponiendo? Tiene una ventaja que es la más fundamental que es trabajo no garantizado pero por lo menos cuando una entidad pública necesite de un historiador no vaya a recurrir a un antropólogo, ni a aun arqueólogo, ni aun sociólogo ni menos a un xx. Con lo cual al historiador lo van a solicitar, esa es la gran ventaja. Las otras ventajas aducidas, en realidad se suplen con asociación de historiadores no con un colegio de historiadores; las otras ventajas son aglutinar a los historiadores. Es decir, como que los historiadores estemos organizados, nos conozcamos, tengamos actividades conjuntas, que apoyemos ciertas iniciativas como la creación de un museo, como que los archivos funcionen de una forma. Que no haya un jefe de un archivo por ahí que no esté haciendo las cosas bien y protestar nosotros. Porque ahora hay algo así en algunas provincias, entonces hay que decirle “tienes que actuar bien”, ¿cómo lo haces? el colegio de historiadores pero también los puedes hacer en una asociación de historiadores. Que necesitamos tener, digamos, congresos y esas cosas, el colegio pero también lo puede hacer una asociación de historiadores. Ósea la única ventaja seria laboral, que es importante sobre todo para la gente joven que empieza para que te contrate el municipio o el ministerio.

El gran problema de esto es que hay un tema que va más allá de lo laboral. No es como dicen algunos que se oponen porque el colegio te impone parámetros para hacer ejercicio de la profesión. No es así, esas son exageraciones de gente que también está en contra; si uno lee el proyecto de ley se va a dar cuenta que no existe eso. No es que el colegio meta sus narices en lo que tú estás haciendo, que vas a investigar, que vas a publicar, no. Lo que si hay es que el colegio, como otros colegios, tiene que velar el correcto desempeño profesional pero eso no significa que tienes que hacer una historia determinada. Lo único que significa es que tú vas a estar en salmoera en caso que cometas alguna irregularidad. Ahora que pasa que cualquiera de estas irregularidades, a mí me parece, no necesiten la existencia de un colegio, como por ejemplo, plagio. Tú no necesitas el colegio para ver ese caso porque plagio es un delito que afecta a cualquiera, sea o no sea colegiado. Abusos de autoridad, abuso sexual, acoso sexual por ejemplo, no tiene por qué verlo el colegio. En realidad se estaría creando un colegio para ver este tipo de cosas para que haya una suerte de tribunal de ética profesional. El colegio lo que tendría que hacer es sancionar y recomendar el retiro del título profesional que tienen un profesor que ha plagiado o que está abusando de otra manera.

Pero eso sencillamente lo puede hacer un tribunal del Poder Judicial, ósea yo no veo la necesidad. Lo único que sí creo es que la sociedad tiene que sensibilizarse más para que principalmente las instituciones y la sociedad en su conjunto vean a los historiadores como profesionales que puedan cumplir plenamente las actividades que se les encomiendan. Porque al final de cuenta el colegio no garantiza el trabajo, si van a contratar a alguien va a ser porque la carrera está muy bien vista y ese historiador está bien visto, tiene sus méritos y no por ser colegiado. Ósea es poco lo que en realidad aporta un colegio a conseguir un trabajo a los historiadores.

Hasta el momento con el actual gobierno ¿qué acciones ha implementado el Ministerio de Cultura para el desarrollo de la ciencia histórica?

En realidad este gobierno, como otros, ha visto esto desde una perspectiva tecnocrática. De hecho, los representantes, los jefes de archivos históricos son mucho más técnicos que historiadores. No tenemos un gran apoyo desde esta perspectiva y no sé si corresponda. En el sentido de poner a un historiador en la Biblioteca Nacional sea completamente mejor que tener a un bibliotecólogo. No me refiero a personas, sobre todo pensando en que medidas estarías apoyando la historiografía si estas colocando a historiadores en un puesto como este. No estoy muy seguro. En ese sentido si te colocan en puesto como tal, más que por tus condiciones de historiador, por tus vínculos sociales, vínculos amicales, institucionales, más que por tus méritos. Ahí no es tanto el amor a la historia, al historiador como una tecnocracia que está demasiado ligada a vínculos extra laborales, extra profesionales. Decir que el Estado pueda apoyar la historiografía en realidad, más debería apoyar a las instituciones que nos sirven: bibliotecas, archivos, museos, universidades. Esa es la labor, pero lo está haciendo y siempre será insuficiente.  

Una última pregunta, a puertas del bicentenario ¿qué cambios de interpretación histórica se han producido respecto a la visión de la independencia del Perú?  

Yo creo que todavía seguimos bastante atados a la idea de hace 50 años, es decir si el Perú se independizo o no, ósea si nos independizaron o nos independizamos. En otras palabras las investigaciones parten de esa idea, tratar de demostrar una idea u otra, pero ese es el empuje inicial. Ahora lo que ha cambiado y hay una tendencia sobre esto, principalmente conservadora, es tratar lo siguiente: uno, mostrar a Lima como protagonista de la independencia, cosa que siempre se ha negado. Lima no tuvo una opción separatista, siendo al final de cuentas le cayó del cielo. Y lo otro es la radicalidad del cambio, ósea el grado del cambio, hasta donde se llegó. Es decir, la idea es uno, mostrar a Lima como gran protagonista y dos mostrar ese fenómeno como si fuese un cambio radical, inclusive lo llaman revolución, la revolución de la independencia.

Es un término que lo utilizan desde siempre los norteamericanos, es un término que en América Latina lo usaban solamente los argentinos, La Revolución de Mayo. Pero se está extendiendo y al Perú lo quieren incluir en esto como si al hablar de la independencia seria la revolución de la independencia que en realidad habría que ver en qué medida los cambios producidos fueron tan radicales como para aceptar que fuera una independencia revolucionaría. Yo tengo mis dudas sobre la radicalidad, si bien es cierto si es claro que el Perú cambia de ser una colonia a ser un país independiente, cambia de ser una monarquía a una república pero la radicalidad de estos cambios no me convencen mucho como para pensar que fuera una revolución, más bien lo niego.

Algunas palabras finales…

La historia es una disciplina que debe asumirse con seriedad por eso es que se estudia en la universidad. Hasta ahora no tenemos un Colegio de Historiadores, nadie puede ser acusado de meterse en la historia legalmente, a nadie le pueden decir “oye tú no puedes ser historiador porque no has estudiado historia”, pero eso no quita que para ser historiador necesitas tener una formación académica al igual que otras disciplinas: la arqueología, la sociología, la antropología, para algo vas a la universidad. Porque tú puedes ser un arqueólogo práctico pero lo que te falta es la metodología de trabajo y eso también pasa en historia. Por eso yo creo que hay que asumir la historia como una actividad profesional, estoy en contra de la colegiatura de la historia pero eso no quita que sea una profesión eso no quita que sea un conocimiento científico social, es una ciencia social. No quita que tengamos normas de ejercicio de la historia y eso se aprende en la universidad, para eso estamos en la universidad. A los pos-modernos que dicen que cualquiera puede hacer historia, que hacen en la universidad entonces, ¿por qué están en la universidad?  

EL TURISMO CULTURAL, UNA HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Autor:
Daniel Espinoza Reynaga


El turismo suele ser considerado como una actividad dinámica, si creemos que es una actividad que surgió producto de la revolución industrial, no es así; el turismo estuvo presente desde el génesis de la historia de nuestra humanidad, tal vez de manera inconsciente los nómadas o sedentarios se convertían en los primeros turistas.

Sin embargo, con el tiempo esta práctica fue evolucionando, y con ella surgieron diferentes variantes, las cuales manejaban a su vez un común denominador llamado ‘intercambio cultural’, ya que en cualquier modalidad de turismo, se tenía como característica el ‘dejar o llevar algo’.

Todas las formas de hacer turismo aportan al desarrollo económico y social, pero existe una que está imbricada en la cultura y, por sus características, resulta una potencial herramienta de transformación social, nos referimos al turismo cultural.



Recuperado de: http://www.andina.com.pe


ICOMOS define al turismo cultural como “un movimiento de personas esencialmente por una motivación cultural, tal como el viaje de estudios, representaciones artísticas, festivales u otros eventos culturales; visitas a lugares y monumentos, folklore, arte o peregrinación”.

Los consumidores que practican esta modalidad de turismo tienen una motivación multidimensional, las experiencias que buscan encontrar en sus viajes no son limitadas, esto conlleva a que este tipo de turismo se desarrolle de manera armoniosa entre lo económico y social –siempre y cuando–  exista de por medio una óptima gestión.

Para entender mejor los beneficios se puede separar ambos términos: por un lado el turismo tiene un beneficio de carácter económico que otorga valor al patrimonio cultural y al espacio geográfico donde se encuentra. En cambio, mediante la cultura, el desarrollo del turismo permite que los recursos obtenidos se destinen a la protección del patrimonio; se incentiva el desarrollo del lugar y se genera puestos de trabajo, apoyando de esta manera a la preservación de las tradiciones, promoviendo la identidad y reduciendo también los problemas sociales.

Ante tantos beneficios, queda la interrogante sobre si el aprovechamiento del potencial que tiene nuestro país se está desarrollando de manera óptima. El turismo es el sector que más ha crecido económicamente y se ha convertido en un eslabón muy importante dentro de la cadena económica nacional; sin embargo, seguimos siendo testigos de panoramas que no evidencian un progreso en los lugares que –irónicamente- reciben miles de visitas.

Urge gestionar el turismo y nuestro patrimonio de manera eficiente, tenemos una extraordinaria oferta cultural gracias a nuestra historia y geografía. Un ejemplo de ello son las huacas ancestrales acentuadas en diferentes zonas de nuestra capital, así como un centro histórico que agoniza, pero que sigue y seguirá incentivando el interés de visita debido a sus hermosos estilos arquitectónicos. 




Fuente: diario “La República”



Es tiempo de ver al turismo cultural como una herramienta que puede afectar y transformar nuestra sociedad, no únicamente por su carácter económico, sino también por el impacto positivo que se materializa en la sostenibilidad y preservación de nuestro patrimonio, la construcción de la identidad nacional, y la promoción de tradiciones y valores, que en conjunto, son fundamentales para contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.


Fuentes consultadas:

Joaquín Saúl García Marchante,María del Carmen Poyato  Holgado, ( 2002). La función social del patrimonio histórico:  el turismo cultural, ediciones de la universidad Castilla- La Mancha. 

http://www.uesc.br/revistas/culturaeturismo/edicao3/artigo1.pdf

http://api.eoi.es/api_v1_dev.php/fedora/asset/eoi:80090/EOI_TurismoCultural_2013.pdf

Daniel Morales Chocano: “Si el alumno no sabe hacer un registro arqueológico desde el inicio, cualquier conclusión que pueda llegar no tiene validez porque no está apoyado en la evidencia material”

Por José Samuel Querevalú

En el Mes de los Museos, la asociación YIHDES entrevistó al arqueólogo Daniel Morales Chocano, reconocido catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Ha sido director de la Escuela Profesional de Arqueología de dicha casa de estudios y fue Vice Decano del Colegio de Arqueólogos del Perú. Autor de varias publicaciones, ha participado como ponente en diferentes eventos académicos y ha dirigido proyectos de investigación a lo largo del país, resaltado sus trabajos en el sitio de Pacopampa, en la sierra norte, y sus trabajos en la amazonia peruana.  

Profesor, ¿cómo nació su motivación para decidir estudiar arqueología?

Bueno, eso es parte de una historia bastante vieja. Para empezar yo soy de Huánuco y estudié en un colegio de primaria muy importante de esta ciudad en donde me enseñaba un profesor que tenía mucha afición por la historia. Esto fue en los años 60s, justamente en el momento en que los japoneses estaban excavando Kotosh. Ahí tuve la oportunidad de ir con este profesor, pues llevaba a todos los alumnos y al final fue una gran impresión para mí. Me impactó el trabajo de los japoneses y a partir de ese momento tuve mucha curiosidad por la arqueología; más aún por lo ordenados que eran los japoneses que fue lo que me llamó la atención.

Posteriormente vine a Lima,  terminé mis estudios de nivel secundario en el colegio Ricardo Bertín, ahí conocí a otro profesor de historia que sería el Dr. Rivera Cerna, quien también era catedrático de San Marcos. Sus clases de historia eran muy interesantes y complementaron la vocación que yo tenía por la arqueología ya que enfatizaba mucho en las culturas prehispánicas. Yo creo que esos dos momentos fueron sido decisivos para seguir arqueología.  
           
Desde que comenzó a estudiar en San Marcos a la actualidad ¿cómo considera que ha evolucionado la teoría arqueológica?

Bueno, la teoría arqueológica, como yo lo veo, no ha cambiado mucho que digamos. Cuando nació la ‘nueva arqueología’ hubo un boom de posibles cambios pero que no se han materializado a nivel teórico. Más bien, ha sido un cambio de tecnología cibernética entrar a todo lo que es el manejo de estadísticas; sin embargo, a nivel teórico yo no veo que haya mayores cambios. Incluso -hasta la fecha- todavía se siguen manejando los marcos teóricos-metodológicos de lo que yo llamo la escuela norteamericana, que tienen una teoría y una metodología de trabajo de campo incluso más rígidas que no han podido ser superadas a pesar que hay muchas críticas sobre la arqueología contextual.

En su opinión, ¿Qué características contempla la investigación en arqueología en comparación de otras ciencias?

La arqueología en comparación con otras ciencias, se ha convertido en multidisciplinaria, pues con la tendencia de la ’nueva arqueología’ ha logrado mayor acercamiento con las ciencias naturales. Mientras que la ‘vieja arqueología’ estaba orientada a las ciencias humanas, incluso los títulos y los grados eran bien claros; actualmente el arqueólogo ya no puede hacer inferencias solamente en base a lo que él pueda aportar a nivel de sus excavaciones, tiene que hacer una serie de análisis en las que él no está preparado, necesita mucho apoyo de otras disciplinas.

¿Cómo se inicia en la docencia? ¿Era limitado en ese tiempo el campo laboral o como era el panorama?

No era limitado en ese tiempo pero eran pocos arqueólogos, y los pocos arqueólogos que seguíamos la carrera prácticamente terminábamos involucrados en ser ayudantes primero, luego como jefes de práctica e inmediatamente entrábamos a la docencia. La mayoría de los profesores posteriores que hubo en la escuela han llegado a la docencia de esa manera, y además, a diferencia de ahora, el alumno de arqueología -que eran pocos- tenía la posibilidad de hacer más prácticas. Seis u ocho alumnos podían repartirse entre tres o cuatro profesores y participar permanentemente en proyectos de investigación. Estaban siempre en trabajos de campo, por entonces había más formación de campo especialmente. No tanto a nivel teórico, la teoría para nosotros era casi un misterio hasta que terminábamos la carrera.

A modo personal, y aunque suene redundante ¿Qué se enseña cuando se enseña arqueología?

La enseñanza básica para la formación de un arqueólogo está a nivel metodológico, de trabajo de campo. Y aquí es importante por ejemplo el registro arqueológico, siempre lo he recalcado, que si el alumno no sabe hacer un registro arqueológico desde el inicio, cualquier conclusión que pueda llegar no tiene validez porque no está apoyado en la evidencia material. La mayor flaqueza de la arqueología justamente está en el registro arqueológico, la educación profesional tiene que fortalecer esa parte de la formación del estudiante. La parte metodológica, la parte práctica, el trabajo de campo; yo por lo menos me he formado de esa manera. Yo termine arqueología y poco sabía de teoría, realmente poco. Ni siquiera los profesores me habían orientado en eso.

UNA MIRADA A LOS NUEVOS PROFESIONALES

En base a su experiencia, ¿cuál sería la lección o experiencia que nos podría compartir en cuando a la enseñanza arqueológica?

Como docente hemos tenido mucha experiencia. Todos los alumnos no son iguales. Siempre los he diferenciado por bases, hay bases que fueron grupos casi selectos y hay bases que no sé porque han llegado a estudiar arqueología. Teniendo en cuenta eso, siempre trato de dar más cuando hay más interés de los estudiantes y doy menos cuando no hay ningún interés. No me voy a preocupar por alumnos que ni siquiera tienen una orientación vocacional.            

Desde su punto de vista ¿cuál sería el nuevo reto al que se enfrentan los nuevos profesionales en arqueología? ¿Qué espera al país en general?

Bueno, esto está vinculado a todos los aspectos socio-políticos que están ocurriendo en el Perú. En mi generación había el compromiso o la obligación de que el arqueólogo tenía que poner en valor los monumentos. Era un científico puro que hacía una propuesta de investigación, hacía su trabajo y no le interesaba el resto; o sea, la cultura material, nuestro patrimonio quedaba al desamparo. Y esa es una escuela que se instaura con la ‘escuela norteamericana’, porque ¿qué han hecho los extranjeros? Vinieron, hicieron su tesis, excavaron y jamás han puesto en valor nada. La puesta en valor es puro esfuerzo de los arqueólogos peruanos y ustedes lo conocen.

En el norte tenemos proyectos como Huaca del Sol y Huaca de la Luna, aquí ustedes conocen el proyecto Caral. Y ahora hay varios proyectos sostenibles de arqueología que ya no son típicamente ‘arqueología científica‘, sino que tienen una preocupación al estar vinculados los aspectos sociopolíticos y necesidades de esta sociedad como es el turismo y la puesta en valor de los sitios arqueológicos. Lamentablemente las currículas de todas las escuelas a nivel de Perú no se ajustan, entonces los arqueólogos aprenden eso fuera de la universidad, nadie les ha enseñado eso. Ya se debería recoger toda esa experiencia y renovar la currícula, y que sea una formación de acuerdo a la realidad.     






Profesor Daniel Morales en San Marcos. Foto: José Guerrero 2017


LA CULTURA EN EL PAÍS Y SU ESTADO ACTUAL


Cambiando de tema, en relación a la gestión pública del sector cultural ¿cuáles son sus expectativas con relación a la labor y agenda del actual ministro?

El Ministerio de Cultura abarca un ámbito muy grande, pero en lo que se refiere al patrimonio cultural hay muchas tareas que no se han hecho. Por ejemplo, es lamentable que ni siquiera  exista un inventario de sitios arqueológicos hasta la fecha, ya no se hacen los famosos catastros arqueológicos que antes se hacían. Entonces eso implica destrucción del patrimonio porque no hay un inventario, un catastro, no hay material para sustentar que el arqueólogo puede defenderse de la invasión de sitios arqueológicos. Está totalmente desarmado y el Ministerio de Cultura no ha hecho absolutamente nada; esa es una parte importante que está fallando. Ahora, a nivel de proyectos de investigación, el Ministerio de Cultura solo está promoviendo el Proyecto Qhapaq Ñan, que tiene un presupuesto, una infraestructura, etc. pero han pasado muchos años y no veo resultados claros, o las contribuciones que podría haber generado el trabajo de este gran proyecto.

Considero que ahí también hay una mala orientación, una pésima dirección… han entregado eso en manos de arqueólogos que no conocen, no saben cuál puede ser la estrategia para que el Qhapaq Ñan cobre importancia a nivel nacional. Yo pienso que solamente hay que mirar a los incas, ¿qué fue el Qhapaq Ñan en la época inca? fue una estrategia sociopolítica de avanzada, de dominio del gran imperio. Nosotros no tenemos ninguna estrategia para ese proyecto llamado Qhapaq Ñan, se está haciendo cualquier cosa pero no hay una mira, una línea que oriente hacia dónde va este proyecto. Como estrategia no solamente política, porque esto une varios países, sino también como estrategia de investigación. ¿Qué se quiere investigar con el Qhapaq Ñan?... Yo veo ese proyecto descabezado totalmente, no sabe a dónde va, cada director que entra quiere hacer otra cosa y se pierde todos los objetivos que debería tener.

En una reciente entrevista hecha a Walter Alva, se plantea que la Unidad Ejecutora Naylamp debe ser sometida a reingeniería ya que no hay presupuesto para la investigación arqueológica y además propone la creación de una “Comisión Regional Norte de Cultura” ¿Cuál es su opinión al respecto?

Walter Alva tiene mucha experiencia en este caso porque, ya con el Señor de Sipán, ha tenido toda una experiencia interesante que debería ser recogida. Creo que su palabra es respetable y con esto de las regiones también estoy de acuerdo. Aquí los únicos valientes han sido los cusqueños que se han parado y no han dejado hacer lo que han querido a la central del Ministerio de Cultura. A partir de lo que hicieron en el Cusco recién se han creado las regiones donde hay un arqueólogo y este puede ocuparse de esa zona. Y esto es importante en zonas que tienen una concentración masiva de sitios arqueológicos como es en el norte, y creo que se justifica, no solamente una sede regional. Se debería independizar porque ahí hay una escuela –Trujillo-, aquí en Lima otra y creo que esto debería ir vinculado a la formación para que quienes forman arqueólogos, pongan las barbas en remojo y vean de qué manera se puede trazar una nueva estrategia de currícula para adecuarse a ese nuevo sistema.  

Estamos a cuatro años del bicentenario del país. ¿Cuál sería el panorama que se tendría para el sector cultural – a nivel de temas de patrimonio- si las cosas siguen con el rumbo actual?


El bicentenario y la cultura que es tan amplia, se podría ver de manera específica. Qué hacer con el patrimonio a propósito del bicentenario, aunque esto no tiene que ver nada con lo prehispánico. Pero a nivel de política del Estado, por lo menos, debería servir para tener una estrategia referida a la defensa del patrimonio cultural y especialmente al arqueológico. Hasta ahora no hay una ley realmente buena que proteja el patrimonio, se necesita una convocatoria a nivel regional que el Ministerio de Cultura no está haciendo ni le interesa. Otra cosa es que los arqueólogos, que son los más interesados, tampoco, entonces cada uno anda con sus problemas; no les interesan realmente la conservación del patrimonio.    

NUESTROS MUSEOS, UNA OPORTUNIDAD DE CAMBIO

Autor:
José Antonio Guerrero Torres

Los museos en el mundo evolucionaron en las últimas décadas. Dejaron de ser instituciones rígidas con discursos académicos y elitistas que alejaban al común ciudadano, transformándose en espacios más dinámicos que incluyen cada vez a grupos humanos más diversos.

Como parte del acercamiento de los museos a los públicos, se desarrollan diversos programas pedagógicos dirigidos a diferentes edades, desde niños a personas adultas mayores, las cuales generan interesantes espacios de educación no formal (educación fuera de los colegios) que atraen a personas que en otras circunstancias no disfrutarían de la visita a un museo.

En el Perú, este cambio se está realizando lentamente en algunos museos de las principales ciudades del país generando programas pedagógicos con gran alcance e impacto en la sociedad, buenos ejemplos de ellos se pueden encontrar en museos como el MALI (Museo de Arte de Lima), MAC (Museo de Arte Contemporáneo), Museo Larco -desde el ámbito privado- y algunos otros de carácter público como el Museo del Banco Central de Reserva y el Museo Nacional de Arqueología, Antropología e Historia del Perú. Estas iniciativas ofrecen una experiencia vital y lúdica de modo que el público se entretiene a la vez que aprende de manera continua y sostenida generando un aprendizaje significativo.

Fuente: Museo de Arte Contemporáneo MAC.
Recuperado de: http://www.pedagogiademuseos.org/

Por estos motivos, un museo es importante para la comunidad que lo acoge ya que puede apoyar a la promoción de distintos aspectos sociales como la cultura y la educación de las personas que viven a su alrededor.

Debido a que contamos con gran cantidad de museos en Lima y en casi todas las provincias del Perú (que generalmente son instituciones pequeñas, con pocos visitantes y poco personal), de diferente carácter institucional y diversa temática expositiva. Que, si bien en la mayoría de los casos no cuenta con muchos recursos, podrían convertirse en espacios de valor orientados en la generación de oportunidades y de construcción de conocimiento.

Es por ello que estos espacios necesitan el apoyo de instituciones públicas y privadas que podrían aportar con especialistas que brinden lineamientos técnicos y capacitación para convertir a estos museos en puntos de transformación y de impacto sobre sus realidades. Ya que mediante los programas pedagógicos se puede generar un complemento a la educación regular, dando una alternativa mucho más amigable e interactiva para cada una de las personas del área de influencia de cada uno de los museos.

Si bien se cuentan con instituciones, como escuelas, defensorías, municipalidades, etc., que ya tienen como funciones educar, proteger, promover la cultura, estos espacios aún son insuficientes y se podrían complementar con las actividades que se generarían en torno a las instituciones museísticas, las cuales serían más cercanas, amigables y de acuerdo a sus realidades.

A manera de ejemplo a nuestra realidad cabe resaltar el caso del Museo de sitio Túcume (Lambayeque), vinculado directamente a un pequeño pueblo del mismo nombre, en donde el patrimonio es una herramienta de desarrollo y contribuye a combatir la pobreza y el desempleo, generando oportunidades y muchas posibilidades de desarrollo social, económico y cultural, por medio de la investigación científica, las tareas de conservación y el desarrollo del turismo de su comunidad.

 Fuente: Museo de sitio Túcume.
Recuperado de: http://www.museodesitiotucume.org/

Además, desde 1998 se implementó el programa de Educación para la Conservación, en donde se trabajó con los maestros y estudiantes de primaria y secundaria del pueblo de Túcume, incorporándolos en diferentes actividades para establecer de manera conjunta las ideas centrales del programa educativo, que incluye actividades como: Clínica de arqueología y conservación, aula de educación, taller de cerámica y el vivero y biohuerto.

Este programa fue distinguido con una mención de honor por el Programa Ibermuseos en el marco del II Premio Iberoamericano de Educación y Museos de 2011 que reconocía la promoción del desarrollo personal y cohesión social, así como el fomento de la responsabilidad de los museos como agentes esenciales para el desarrollo. Con lo que es posible por medio de buenos programas impactar sobre las personas de su entorno dándoles la posibilidad de disfrutar y compartir su patrimonio cultural e incorporar con ello a las futuras generaciones, generando un cambio tangible que trasciende en el tiempo.

Fuente: Museo de sitio Túcume.
Recuperado de: http://www.museodesitiotucume.org/


Para finalizar es importante recordar que un museo es pieza clave para la educación y la cultura, y que con un discurso adecuado y particular que responda a sus necesidades de su público y contribuye al mejoramiento de su realidad. Para ello se necesita formalizar y apoyar la sostenibilidad de estos museos que son fundamentales para el desarrollo del país, generando un museo para todos.



EL ORDEN SIMBÓLICO COLONIAL Y EL CONTROL DE LA SEXUALIDAD FEMENINA EN EL VIRREINATO DEL PERÚ

Autor:
Cármen Cecilia Osorio Quispe

Cuando los españoles llegaron a tierras americanas plasmaron y reprodujeron su sistema simbólico, político y social. El triunfo de su modo de organización social supuso elaborar complejas técnicas de conquista y mecanismos de dominación, que buscaban reintroducir el orden en el caos por medio de jerarquías, signos de estatus y dependencias.

Para entender como estaba construido el sistema simbólico colonial, es necesario instalar la categoría "cuerpo", en cuanto permite ordenar el mundo en un binomio primordial: cuerpo/alma, carne/espíritu (ARAYA, 2004, p. 69).

El sistema monárquico es de un "cuerpo místico" amenazado por la corrupción que representa la mezcla de sangre, esto es, el mestizaje constituye el elemento desestabilizador dentro de esta teoría política, en tanto interfiere con el orden simbólico (2004, p.74) El orden simbólico colonial tenía como uno de sus principios: mantener la pureza de sangre ¿qué significaba esto? en pocas palabras, era casarse o unirse con una persona de la misma raza. Si eras español, debías comprometerte con una española, y este paradigma debía imperar con las otras razas. Es por ello que los plebeyos, las castas y los mixtos representaban el peligro para la estabilidad del orden. Por lo tanto, dentro de los elementos esenciales para la continuidad del poder predominaba el no mezclarse, si ocurría eso, se debía poner en práctica todos los dispositivos para ‘blanquearse’.

Fuente: Cabrera, Miguel (1763) De español y mestiza, castiza. [Lienzo].
Recuperado de http://www.mecd.gob.es

La relación entre mestizaje e impureza  puede evidenciarse en la controversia de los velos que se dio en el Convento de Santa Clara - Cuzco. La abadesa Francisca de Jesús y una pequeña minoría de monjas españolas habían impuesto una división jerárquica entre las monjas. Las monjas españolas utilizarían el velo negro, mientras las monjas mestizas el velo blanco; y aunque el cabildo no estuvo de acuerdo con esta disposición, se mantuvo esta regla (BURNS, 2008, pp. 50-51). Así se marcó la superioridad de unas sobre otras. No era el color de la piel los que determinaba su inferioridad sino su “mezcla” —ser hijas de madres de origen incaico y padres españoles—, a ello se agregaba su pasado idólatra.

Dentro del orden simbólico colonial del cuerpo representaba el cuerpo social; se tenía el deber de protegerlo. Sobre las mujeres de las clases altas caía toda la presión social. Ellas eran coaccionadas y cuidadas por la élite. En esta parte se puede dilucidar que existía un tipo de regulación para las mujeres que proviene del grupo al que pertenece es decir, una regulación externa. 

La pureza femenina de la élite era resguardada celosamente. Dentro de la jerarquía de la pureza basada en una trasmisión biológica, el comportamiento sexual era vital para preservar la pureza de la casta. Las mujeres y las élites eran controladas, pues como dice Alejandra Araya: "la mujer era un acceso", las mujeres era la puerta de acceso a la casta; eran una herramienta necesaria para la mantención del orden social y simbólico.

El control del cuerpo de la mujer recaía en los hombres de la casa. Ellas no podían controlarse a sí mismas. Necesitaban protección de los hombres, y por ello se las dominaba con el encierro en lugares como la ‘casa de las desamparadas’, los conventos, los beaterios, etc. El encierro garantizaba la pureza y la honra. Estos lugares protegían a las mujeres, pero a través de dichos lugares también podían alcanzar mejor estatus y la ansiada purificación.

Fuente: Anónimo (1730) Retrato de familia Fagoga Arozqueta [Pintura].
Recuperado de https://commons.wikimedia.org

Se podría decir que en la mujer caía el mayor peso del sistema colonial. Pero siempre hubo quienes desafiaban o quebrantaban las normas. La investigadora Asunción Lavrin, analizó el proceso de enamoramiento. Ella hacia referencia a que, al parecer, la promesa del matrimonio brindaba a las mujeres la suficiente garantía de las intenciones masculinas, y bastante seguridad en sus implicaciones religiosas y legales, como para tener relaciones sexuales. Los hombres y mujeres tenían relaciones sexuales premaritales. La facilidad en que las mujeres accedían a intimidar con hombres después del intercambio de regalos o la palabra de matrimonio, indicaba el deseo de trascender, o incluso, de desafiar lo límites impuestos por la familia, la religión y la ley. 

El que una mujer se le considerará o no socialmente honorable o virginal dependía en gran medida de su posición y credibilidad en caso de pleito por perdida de virginidad. Las mujeres "protegidas" —aquellas mujeres que tenían familiares hombres que podían abogar por ellas—  tenían mayor posibilidad de restaurar su honor que aquellas que no contaban con tal apoyo. La hipótesis de que las mujeres necesitaban protección se basaba en la idea que  la voluntad y el honor femenino eran bienes frágiles.

En conclusión, la concepción que la mujer debía mantener la “pureza de sangre” fue uno de los pilares del sistema colonial que se plasmó en América, y para mantener dicha “pureza” se debía “proteger y controlar” a la mujer; por lo que la responsabilidad de protección y control recaía en el hombre. Como se puede dilucidar, los mecanismos de dominación que aplicó la Monarquía Católica en tierras americanas estaba estrechamente vinculada con el control sexual femenino, y en especial, a la mujer de élite.

Bibliografía
ARAYA, Alejandra (2004) “La pureza y la carne: el cuerpo de las mujeres en el imaginario político de la sociedad colonial”, Revista de Historia Social y de las Mentalidades. Año VIII. ½.

LAVRIN, Asunción (1991) Sexualidad y Matrimonio en la América Hispana, siglos XVI y XVIII. México.

BURNS, Kathryn (2008) Hábitos Coloniales. Los conventos y la economía espiritual del Cuzco. Lima: Centro de Estudios Andinos. IFEA.