Trabajos de la Asociación YIHDES

YIHDES CELEBRA SU SEGUNDO ANIVERSARIO REAFIRMANDO SU COMPROMISO AL PATRIMONIO CULTURAL



La asociación YACHAY Investigación Histórica y Desarrollo Social – YIHDES –  celebra su 2° aniversario de fundación, y lo hace renovando su compromiso con la promoción y revaloración del patrimonio cultural peruano, y principalmente con su vocación de servir a la sociedad mediante la ejecución de proyectos orientados al desarrollo de la gestión cultural.



Sin embargo, el camino no ha sido fácil y constantemente surge la interrogante sobre la ‘fórmula’ para mantener vivas las voces ocultas de cada parte de nuestro patrimonio. ¿Cómo se puede motivar y construir el interés por este legado histórico? ¿Estaríamos dispuestos a sacrificarnos por ello?...



Experiencias exitosas en todo el Perú demuestran que con pasión y compromiso se puede recuperar y proteger el patrimonio cultural que ya se creía perdido. Y a esto, se suman elementos como el proceso de investigación, el involucramiento de la sociedad civil, la sensibilización e identificación que son primordiales al momento de generar estrategias en la gestión cultural.



YIHDES es un grupo de profesionales multidisciplinarios conformado por arqueólogos, administradores en turismo, comunicadora social, historiadora e historiador del arte, que se unen para generar sinergia y trabajar desinteresadamente en beneficio del patrimonio cultural a fin obtener los mejores resultados.


Durante estos dos años, la asociación participó en diversos eventos y organizó, talleres y conversatorios especializados en gestión del patrimonio cultural en arqueología, retos de la arqueología pública en el Perú y técnicas de enseñanza para la protección del patrimonio cultural, entre otros.

Hace varios meses YIHDES realizó un conversatorio sobre la Hacienda de Carabayllo; mediante esta charla, los vecinos y público en general recibieron información sobre su historia y patrimonio; sin embargo, aquí nacería la base para un gran proyecto que hoy es realidad.

Carabayllo es uno de los distritos que cuenta con los mayores recursos monumentales y arqueológicos de Lima Metropolitana, uno de ellos es la muralla de Tungasuca, una zona arqueológica que guarda entre sus cimientos la historia y costumbres de los antiguos pobladores del valle del Chillón.

¿Para qué se construyó la muralla? Quiénes habitaron estos recintos? ¿Hay historia detrás de esta huaca?... estas interrogantes hoy son resueltas a través del «Proyecto de Investigación Arqueológica Muralla de Tungasuca».








Un plan de rescate del patrimonio cultural que se estará ejecutando del 23 de octubre al 5 de noviembre.

Dentro de este gran proyecto YIHDES tiene como aliados al programa Defensores del Patrimonio del Ministerio de Cultura, al Centro de Estudios del Patrimonio Cultural – CEPAC de la Universidad Sedes Sapientae; cuenta además con el apoyo de los municipios de Carabayllo y Comas, los Puntos de Cultura de Lima Norte, y principalmente los vecinos de las zonas aledañas de esta área arqueológica.

Como parte de este trabajo la muralla de Tungasuca será intervenida por medio de excavaciones arqueológicas que buscan conocer y recuperar la historia que se esconde dentro de este monumento; y al mismo tiempo, desarrollar el programa cultural «Un día en la muralla», que invita a grandes y chicos a conocer la importancia arqueológica e histórica de este patrimonio, así como de disfrutar del arte mediante actividades creativas, lúdicas y educativas.

Si bien tras un estudio de campo YIHDES comprobó que el área donde se encuentra este recinto arqueológico convive con problemas como la delincuencia, la contaminación por arrojo de basura y la informalidad; se ha logrado identificar también que gran porcentaje de los vecinos que viven en los alrededores de la muralla tienen la intención de sumarse a proteger este patrimonio participar en proyectos de investigación arqueológica y cultural. 

Por esta razón, YIHDES reafirma su compromiso con la preservación del patrimonio cultural y hace un llamado a unirse a esta iniciativa que busca cambiar el destino de este sitio arqueológico, fomentar su cuidado y promover la sostenibilidad de su uso social a través del trabajo conjunto.


YIHDES trabaja de manera conjunta con la comunidad. El 16 de Octubre se realizó la presentación del Proyecto Integral Muralla Tungasuca a los vecinos y dirigentes de la zona, donde se destacó la presentación de la Dirección de Participación Ciudadana del Ministerio de Cultura del Perú, Centro de Estudios y Patrimonio Cultural - CEPAC y la Municipalidad de Carabayllo. Reunión de muchas satisfacciones donde el principal actor de su éxito es el vecino de la muralla. 















LA MURALLA DE TUNGASUCA TE ESPERA, SI ESTAS EN LIMA ESTA ES TU OPORTUNIDAD





El PROYECTO DE INVESTIGACIÓN ARQUEOLÓGICO MURALLA DE TUNGASUCA (PIAMT) es una iniciativa que tiene como objetivo colectar y estudiar datos para entender el desarrollo de la comunidad prehispánica (específicamente durante el Intermedio Tardío) en el área de Lima Norte: distritos de Carabayllo-Comas, valle de Chillón (costa central). Este proyecto se centra, además, en buscar la relación socio-cultural entre el sitio arqueológico con las personas que viven cerca (Urb. Los Geranio - San Felipe) y que son parte de su área visual. 

El proyecto forma parte de las actividades de la Asociación Yachay Investigación Histórica y Desarrollo Social (YIHDES) en su búsqueda de investigar, difundir y proteger todo lo relacionado a la cultura peruana desde sus diferentes perspectivas. Por lo que el PIAMT es parte de un programa que la Asociación (la cual está conformada por diferentes especialistas) se ha propuesto realizar el presente año.  Por lo tanto, el PIAMT abre la posibilidad para realizar un pequeña escuela de campo y es uno de sus fines que los estudiantes de arqueología de diferentes casas de estudio puedan participar. Por ello te mostramos los beneficios y requisitos al participar en el proyecto. 


BENEFICIOS:
  1. Disponibilidad de horarios y del lugar: Varios proyectos de investigación arqueológica se dan fuera de la ciudad de Lima. El PIAMT, al desarrollarse en Lima Norte, te da la posibilidad de acceder al sitio con el alimentador amarillo del Metropolitano (ruta Tungasuca). Previa coordinación, los trabajos no interferirán con tus clases.

         

Paradero final del alimentador Tungasuca del Metropolitano

      2. Experiencia y Certificado: AL margen de poder aprender nuevas técnicas en campo, al terminar los trabajos tendrás un certificado a nombre del PIAMT y de la Asociación YIHDES.
    3. Posibilidad de publicar o exponer los resultados: Los resultados de los trabajos no solo se expondrán en el Congreso Nacional de Arqueólogos, sino en diferentes espacios académicos al igual que se buscara la publicación de estos en diferentes medios.
     4.  Nuevos datos y temas: Al ser su primera intervención científica en el sitio, no hay registros de la ocupación del sitio. Por otro lado, si te gusta el tema de la gestión cultural el proyecto apunta a un enfoque social a la par con los vecinos de Tungasuca.

REQUISITOS:
1. Contar con material básico: Traer cuaderno de campo, lapiceros o lápices. Si deseas traer alguna herramienta adicional como badilejo o escalas son bienvenidos.
2.  Avisar si tienes algún impedimento físico: Es mejor prevenir que lamentar, si no se pueden hacer trabajos de campo, no te preocupes, puedes participar en el gabinete.

Por motivos logísticos el proyecto en campo durará dos semanas, empezando el 23 de octubre. Cualquier información adicional lo estaremos haciendo llegar por este medio y/o personalmente vía email. 



Te esperamos!






JULIO C. TELLO Y EL ORIGEN DEL MUSEO DE ARQUEOLOGÍA Y ANTROPOLOGÍA DE LA UNMSM

Por: Wilber Martín Saucedo Olano

A finales del siglo XIX se realizaron las primeras exploraciones para documentar las manifestaciones culturales que tuvieron lugar antes de la llegada de los españoles. A inicios del siglo XX los grandes hacendados se constituyeron como los centralizadores del material arqueológico al comprárselos a los huaqueros, y además, estos mismos también comenzaron a articular colecciones, por lo que diversos materiales fueron vendidos al extranjero.

De tanta riqueza que se encontraba y que se comercializaba durante esa época, había la necesidad que el Perú tuviese un lugar para resguardar estos bienes culturales. Por ello, a principios del siglo XX se decretaron leyes para proteger el patrimonio cultural peruano y se destacó la importancia de los museos como la institución de resguardo, protección, investigación y difusión de la cultura peruana. Dentro de este contexto, resaltó el papel que tuvo Julio C. Tello, ya que, como un investigador apasionado por las culturas andinas y su aporte al origen cultural autóctono, también se preocupó por el destino que sufrirían estas manifestaciones culturales al no ser conservadas o ser comercializadas; por ello Tello fundó varios museos, entre ellos, el Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos-UNMSM.

El Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos fue uno de los primeros museos del Perú, albergaba varias colecciones de las expediciones de Tello. Años después, Tello tuvo la oportunidad de materializar su idea: un MUSEO NACIONAL que se hizo posible en el hoy conocido Museo Nacional de Arqueología y Antropología e Historia del Perú. Dicha ejecución tuvo implicancias con la Universidad Nacional Mayor de San Marcos; el traslado total de las colecciones que custodiaba hasta 1946, y su posterior devolución (parcialmente) diez años después y en lo que esto devino dicha devolución.

Actualmente el manejo de colecciones en todos los museos, incluyendo al Museo de Arqueología de San Marcos, tienen como objetivos proteger, preservar, ordenar y difundir la cultura peruana. Tello quería que este museo sea científico, un ente difusor de la cultura, donde se perpetúe el ejemplo del manejo de los materiales arqueológicos que él legó, y que algún día se concrete la idea de un museo nacional donde se albergue todo ese patrimonio.

A final, los ideales que tuvo Tello con las colecciones que él recabó durante sus años de exploraciones e investigaciones arqueológicas, y sus ideas sobre cómo debe funcionar un museo dependen de cómo los arqueólogos en la actualidad actúen frente a estas cuestiones. La  coyuntura política de principios del siglo XX sentó las bases de las legislaciones sobre el patrimonio arqueológico donde Tello tuvo un papel relevante; sin embargo, con el paso del tiempo las tendencias respecto al manejo de colecciones y las leyes que los protegen han ido cambiando de acuerdo a las necesidades del gobierno de turno, dándole un nivel de prioridad variable que refleja qué tanto hemos progresado o no en cuestiones de manejo de patrimonio cultural desde principios del siglo XX con las propuestas que Tello postuló.

Introducción a la situación del Patrimonio Cultural del Perú a finales del siglo XIX e inicios del siglo XX

El Perú había sufrido diversas pérdidas luego de la derrota contra Chile en la Guerra del Pacífico. Al saqueo realizado por los chilenos, donde se perdió incontables documentos y textos de la Biblioteca Nacional, además del traslado de las colecciones del Museo Nacional a Chile por Patricio Lynch en el vapor Paita (27 de mayo de 1881) con parte de la Imprenta del Estado, la estatua de Colón y los Espejos del Palacio de Gobierno. Se suma la venta desmedida de obras por parte de coleccionistas y anticuarios a los extranjeros, a pesar que entre 1840 y 1900 se dictó leyes que disponían en celo resguardo las antigüedades del Perú para evitar su destrucción y tráfico no autorizado. Antes hubo un intento de controlar la situación desmedida del comercio del patrimonio cultural como fue la iniciativa del Presidente Manuel Pardo, quien en 1872 organizó la Sociedad de Bellas Artes, sin embargo no hubo progreso alguno y sus actividades pasaron sin pena ni gloria.

En los años posteriores a la Guerra del Pacífico se produjo la reconstrucción civil, aún así, la situación sobre la creciente demanda por las antigüedades culturales del Perú se intensificaron, y el nivel de destrucción de los monumentos antiguos era cada vez más desmedido. Un caso representativo en Lima fue el uso del sitio arqueológico de Armatambo como espacio para la práctica de tiro y entrenamiento militar, mientras que la Huaca Juliana (actualmente llamada Huaca Pucllana), se lotizaba y ofrecía en venta al propio Estado; así como era evidente la destrucción de Sacsayhuamán por parte de la municipalidad del Cuzco, que  utilizaba sus piedras como cantera.

Esa fue la época de mayor auge para la compra y venta de antigüedades del Perú, los comerciantes y coleccionistas estaban en su mejor momento, las excavaciones clandestinas se hacían bajo contrato, además de la exportación regular a países extranjeros.

La práctica del comercio de la cultura quedó establecida con la fundación de una sociedad de anticuarios en 1912, quienes bajo el pretexto de ofrecer apoyo a los investigadores que venían al país para la investigación de culturas antiguas, reunían a una gran cantidad de comerciantes, coleccionistas y aficionados a las antigüedades para realizar excavaciones a las ruinas sin tener que lidiar con los trámites legales.

Aún con esos elementos negativos, los primeros años en donde la protección del patrimonio cultural peruano parecía solo un comercio destinado a los aficionados a las curiosidades y a los coleccionistas de antigüedades, y además existía una situación agravante que se gestaba; al mismo tiempo se originaban los primeros planes institucionales y legales para la protección del patrimonio arqueológico. Con la primera declaratoria de protección del patrimonio cultural del Perú a cargo de Don José de San Martín, el 2 de abril de 1822; y mediante la fundación del Museo Nacional, el 3 de junio de 1836, se establecieron las piedras angulares para la conformación de las leyes de protección del patrimonio actual, así como las primeras medidas de investigación arqueológica.

Los primeros años del siglo XX traerían nuevos vientos en el ámbito del estudio, conservación y difusión de las antiguas culturas precolombinas; siendo uno de los ejes impulsadores de la cultura andina, así como quien postuló la idea de su origen autóctono, el reconocido arqueólogo Julio C. Tello.

Primeros pasos de Julio C. Tello antes de la fundación del Museo de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Julio C. Tello es considerado un gran investigador de las culturas prehispánicas, así como un pionero en el campo de la gestión de Patrimonio Arqueológico; fundó varios museos en el Perú, además de formular las primeras propuestas legales sobre la protección del patrimonio cultural y las instituciones que velarían por ellas.

Gracias a la publicación de su primer gran aporte, su tesis sobre La antigüedad de la sífilis del antiguo Perú, Tello parte el 23 de setiembre de 1909 rumbo a Nueva York (EE.UU), donde se convierte en un estudiante becario de la Universidad de Harvard para estudiar por dos años Antropología. A fines de junio de 1911 obtuvo un Master of Arts con especialización en Antropología, y en setiembre del mismo año el gobierno peruano (dirigido por el presidente Augusto B. Leguía), le otorgaría otra beca para estudiar Antropología en Europa. Viajó a tres países del viejo mundo: cursó estudios de Antropología Física en la Universidad de Berlín (Alemania) y estudió las colecciones peruanas del Museo Etnográfico; fue a Londres (Inglaterra) para el XVIII Congreso Internacional de Americanistas, y después viajó a Francia para estudiar las colecciones óseas de los museos.

Las experiencias que tuvo Julio C. Tello durante su estancia académica por Estados Unidos y Europa, marcarían un precedente para las futuras investigaciones que llevaría a cabo en el Perú, además de formar en él, la idea de cómo debe ser un museo dedicado al tema de las civilizaciones antiguas.

Por otro lado, mientras Julio C. Tello se estaba formando en el exterior; en el Perú, Max Uhle ya era el director del Museo Nacional desde 1906, iniciando sus labores incrementando los materiales arqueológicos del museo, realizando excavaciones en Lima y sus alrededores, albergando colecciones, ya sea por donación o por compra; y el trabajo de fichado, registro, identificación y organización de los materiales arqueológicos, tanto de las colecciones que poseía el museo como las nuevas. Sin embargo, tiempo después, el contrato de Uhle no fue renovado; por lo que fue reemplazado por el historiador peruano Emilio Gutiérrez de Quintanilla.

Julio C. Tello llegó al Perú a través del puerto del Callao en enero de 1913. Ya en Lima, tramitó ante el gobierno peruano su participación, solicitando al gobierno del presidente Guillermo Billinghurst la creación de la sección de Arqueología con la finalidad de detener el vandalismo que afectaba a los monumentos antiguos y los elementos que indicaban huellas de actividades humanas. Gutiérrez, quien estaba en el proceso de redireccionar el eje del museo de la historia hacia las bellas artes, no compartía la visión de Tello de ser un museo con bases científicas y educadoras. Vio además, que el nombramiento de Tello era un peligro y empezó una batalla para asegurarse el control del museo; sin embargo, Tello seguía férreo en crear un museo donde se apreciara los materiales antiguos como un testimonio de vida de hace miles de años, acercando al peruano a reencontrarse con su pasado, con información no solo para la apreciación del arte del antiguo Perú, sino para la admiración de una cultura que logró manifestaciones que hasta el día de hoy fascina a todo aquel que lo percibe.

A pesar de los conflictos internos que se suscitaron a lo largo de la carrera museística de Tello, desempeñaría las primeras expediciones que lo llevaron a crear la primera institución universitaria encargada de resguardar el Patrimonio Cultural de la Nación.

El Museo de Arqueología y Antropología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos

Durante su vigencia como supervisor del Museo Nacional e investigador adjunto, Tello participó en varias expediciones al sur del país, especialmente a los departamentos de Puno, Cuzco, Arequipa; y luego en la costa sur, en Ica y Pisco. Estos últimos lugares del Perú serían claves, puesto que Tello tendría contacto con coleccionistas y comerciantes de antigüedades; uno de ellos, el médico Enrique Mestanza, quien ofreció vender su colección de textiles y otros artículos, que finalmente Tello logró adquirir con la ayuda financiera de sus amigos y colegas Francisco Graña y José Carvajal.

A fines de 1915, Tello fue designado por el gobierno para representar al Perú en Washington en las reuniones del Congreso Científico Panamericano y en el Congreso Internacional de Americanistas donde presentó una ponencia en la que reportó lo que había descubierto en el valle de Nasca. Ilustró su charla con dibujos de diseños de felinos y cabezas trofeo que decoraban las vasijas encontradas en ese valle. Luego de la reuniones en Washington, Tello hizo dos cosas: vendió, en representación de sus compradores, algunos de los textiles que ellos recientemente habían obtenido e intentó atraer el interés de Harvard en conducir excavaciones en el valle de Nasca. Al no conseguir suficiente respaldo financiero Tello fue forzado a tomar parte en una exploración de Harvard al norte del Perú (1916), específicamente en Piura; lamentablemente, los investigadores a cargo de la exploración veían a Tello no como su igual, sino como un coordinador de logística causándole una tremenda molestia.

En 1917 se inició una nueva etapa en la vida de Julio C. Tello, además de ser el punto de partida hacia la fundación del Museo de Arqueología de la Universidad de San Marcos. Ese año, Tello postuló al puesto de Diputado como parte del Partido Nacional Democrático, formado por José de la Riva-Agüero, siendo su objetivo la renovación de la política nacional. Fue electo en junio de ese año, y sin perder tiempo, Tello propuso proyectos de ley de protección del patrimonio cultural de la nación, a su vez que trabajaba en la formación del Museo de Arqueología de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

En 1918, el Rector de la UNMSM estuvo de acuerdo con el plan de Tello para la creación del Museo de Arqueología de la universidad. La idea que Tello venía proponiendo sobre la creación de este museo estuvo inspirada en sus experiencias de Estados Unidos y Europa. Probablemente, su estadía en instituciones como Harvard y la organización de expediciones, con sus estudios en la Universidad de Berlín y el Museo Etnográfico, en Londres con sus conferencias internacionales sobre América y su cultura; además de la organización y exposición de sus colecciones, lo llevarían a querer replicar esa fórmula para el Perú y hacer de la UNMSM, su alma mater, el eje institucional de la investigación científica de las civilizaciones andinas.

Fueron dos propósitos fundamentales los que determinaron, a fines de 1918, la organización de un museo arqueológico en el seno de la UNMSM:
-Conocer la historia de la antigüedad del Perú mediante exploraciones e investigaciones científicas con la participación de profesores y alumnos dedicados al estudio de la antropología.

-Enseñar y divulgar los conocimientos adquiridos a base de tales exploraciones e investigaciones mediante cátedras y publicaciones universitarias.

Con su tesis doctoral sobre las cabezas-trofeo precolombinas que encontró en la costa sur en 1915, y publicada luego en la revista universitaria, sumado a las clases que brindaba Tello sobre arqueología en la UNMSM, tenía una base institucional para proseguir con la fundación del Museo Universitario.

En el primer semestre de 1919, se realizó una serie de exploraciones arqueológicas en el departamento de Ancash, estas fueron auspiciadas por el rector Javier Prado Ugarteche y llevadas a cabo por Tello con la colaboración de dos estudiantes de la Facultad de Medicina. Estas serían las primeras exploraciones arqueológicas que realizaría la Universidad de San Marcos.

Se exploraron las ruinas precolombinas del valle de Huarmey, la región de Aija, el Callejón de Huaylas y las cuencas del Pukcha y Pomabamba del Alto Marañón. El resultado fue muy interesante y beneficioso: propagación de la cultura del Callejón de Huaylas (escultura, arquitectura y cerámica), trabajos iniciales de carácter arqueológico en el templo de Chavín de Huantar con el descubrimiento del Obelisco y otras esculturas de la cultura Chavín, descubrimiento de la estela de Yauya en Huari, y las ruinas megalíticas de Yayno en Pomabamba. Con el aporte material, documental y gráfico de la expedición arqueológica en el departamento de Ancash, el Consejo Universitario fundó el Museo de Arqueología de la UNMSM, el 21 de octubre de 1919.

Referencia Bibliográfica
Ann H. Peters y Luis Alberto Ayarza
[2013] Julio C. Tello y el desarrollo de los estados andinos en los Estados Unidos: Intercambios e Influencias (1915-1950) en Historia de la Arqueología en el Perú del siglo XX, Instituto Francés de Estudios Andinos, UMIFRE 17, MAE/CNRS –USR 3337, AMÉRICA LATINA, Primera Edición, Lima-Perú.

Daggett, Richard
[2013] Un Panorama de la Arqueología peruana 1896-1930 en Historia de la Arqueología en el Perú del siglo XX, Instituto Francés de Estudios Andinos, UMIFRE 17, MAE/CNRS –USR 3337, AMÉRICA LATINA, Primera Edición, Lima-Perú.

Ravines, Rogger
[1984] La Conservación del patrimonio arqueológico en el Perú, REVISTA PERUANA DE CULTURA 2° Época, Instituto Nacional de Cultura, Lima-Perú.

Tello, Julio C.
[2005] Paracas, Primera Parte, Artículo: Julio César Tello Rojas: Una biografía por César Astuhuamán Gonzales y Richard E. Daggett. Segunda Edición, Fondo Editorial de la UNMSM, Lima–Perú.

Uhle, Max
[2003] Pachacamac. Artículo: El sitio del poder de la tierra y Max Uhle (25-03-1856/11-05-1944), por Alberto Bueno Mendoza. Fondo Editorial de la UNMSM, Lima-Perú.

Tello, Julio C.,  y Mejia, Toribio

[1945] Rev. Arqueológicas 10, Museo de Arqueología y Antropología, 1945, Lima-Perú.

COMUNICANDO DESDE EL MARKETING CULTURAL: ¿Y SI HABLAMOS DEL PÚBLICO?

Autor:
Sandra Scotto


En el ambiente cultural la definición del público o consumidor debe ser tan indispensable como la elección del equipo de producción que nos acompañará desde el inicio de cualquier proyecto. La selección en el caso del público, va más allá de una decisión y debe ser un proceso basado en una investigación –que por muchas razones- debería apoyarse en el marketing y en las ciencias de la comunicación.

Usualmente respondemos en afirmativo cuando nos consultan si habrá gente a la que le interesaría nuestra actividad o asistiría a un evento que organizamos. Pero sinceramente, así como pensamos en lo que qué haría este grupo de personas… ¿ellos pensarán en nosotros? Por más anti romántico que parezca, la respuesta es clara, no. Y esto no se trata de indiferencia o falta de interés por la cultura, sino de una situación basada en la causa-efecto, por tal motivo se hace necesario fijar desde un principio la planificación de lo que queremos hacer y sobre todo, para quién lo estamos haciendo.

La segmentación de públicos, el análisis del comportamiento del consumidor y el estudio de variables que nos indiquen quién es este grupo por el que estamos emprendiendo un proyecto, será fundamental para delimitar nuestras acciones. La gestión cultural es una práctica que destaca por la promoción del desarrollo social en todos sus aspectos, por contribuir a la educación y promover la cultura en todas sus expresiones; por lo que esta primera fase de estudio que se ancla en el marketing no debería entenderse como un modo de separar o excluir a todos nuestros receptores, sino como una herramienta para enfocarnos y profundizar.

En este sentido, el acompañamiento de los fundamentos del marketing en complemento a las herramientas de la comunicación debería ser hoy requisito obligatorio para el emprendimiento de proyectos culturales. Sin perder la independencia y riqueza de la idea original, es tiempo de considerar al público ya no sólo como receptor de nuestras iniciativas, sino analizar el feedback que nos brindan como aliados para ampliar nuestro conocimiento y madurar nociones y hacer mejor lo que puede estar solo bien.

El marketing y sus distintas alternativas no tendría que ser un dolor de cabeza si lo asumimos como una práctica inherente en el sector cultural, no se trata de buscar ‘vender productos y servicios’ o de ‘crear necesidades’, eso no tiene sentido. Se trata de darle valor a lo que hacemos, de explorar y explotar la gran cantidad de información que este grupo humano puede brindar, y que a mediano y largo plazo sería una mejor referencia para hacer gestión con inclusión social en todo sentido.

En esta era digital conocer quién está del otro lado de la pantalla es una labor interminable pero enriquecedora, no sólo porque sabemos quién es, cómo es, qué hace, qué busca, dónde va, con quiénes va… sino porque nos permite identificar variables específicas que pueden aportar a establecer coincidencias para asegurar y reafirmar lo que hacemos.

De otro lado, cuando nuestro proyecto cultural está en su fase de ejecución, y nuestra tarea está enfocada en darlo a conocer mediante la habitual difusión, el proceso de comunicación y las estrategias de marketing serán mucho más sencillos pues tendremos un background que nos aportará la materia para generar los lineamientos sobre qué es lo que vamos a decir y cómo lo vamos a decir, tanto para el público directo como indirecto.

¿Y cómo llegaré a mi público? Pues bien, tras el análisis previo de identificar quién es mi público, la siguiente fase debería ser elaborar los mensajes claves: ¿qué ofrecemos?, ¿con qué motivo?, ¿qué características tiene?, ¿qué tiene de original?, ¿es gratis?... No todo se trata de diversión y en el sector cultural lo sabemos bien. Hay algo más allá de ‘pasar un buen rato’ y ese es el quid del asunto; establecer y difundir el mensaje a través del valor de lo que hacemos, vender no una actividad, sino la experiencia de vivir la actividad.

Los medios de comunicación tradicionales ya no son suficientes. Si bien es sumamente importante el apoyo de la prensa en la labor de informar sobre nuestras actividades, eventos e iniciativas, queda mucho más por hacer y esto se puede lograr en base a la organización y sistematización de un plan de medios y una estrategia de marketing; que en conjunto, deben ser la clave para proyectarnos hacia una gestión cultural innovadora e integradora.

Gracias a las facilidades que tenemos mediante las redes sociales, nuestro mensaje puede generar la atención e interacción del público de manera más inmediata y masiva. Una vez que nos enrumbamos en la aventura de dar a conocer nuestro proyecto a través de mensajes concretos y directos, enfocados cuidadosamente hacia quienes estamos seguros les interesará, y mediante los canales de comunicación especialmente seleccionados, será más que seguro que los resultados los esperados. Y tú, ¿sabes quién es tu público?


Considerar al público como nuestro aliado, conocerlo e incluirlo en nuestro proyecto cultural, genera más que asistentes, una fidelización e identificación con nuestros objetivos.

Francisco Quiroz Chueca: “Yo me he formado más como un historiador que piensa en las estructuras de la sociedad: la economía, las relaciones sociales y las políticas de largo plazo.”

Por José Samuel Querevalú

La Asociación YIHDES, buscando obtener la experiencia y opinión de diferentes especialistas, entrevistó al historiador Francisco Quiroz Chueca, catedrático de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Doctor en Ciencias Sociales y especialista en la historia económica y social del Perú y Latinoamérica entre la Colonia y la República. Ha sido director de la Escuela Profesional de Historia de la UNMSM y presidió el V Congreso Nacional de Historia. Es miembro de diversas instituciones académicas peruanas y extranjeras ganando becas de estudio e investigación. Autor de numerosos artículos en revistas y capítulos en libros, dirige la revista electrónica Nueva Crónica.

¿Cómo nació su motivación para decidir estudiar historia?
En realidad yo estaba, como todos los jóvenes, siempre pensando que cosa hacer.  Provengo de una familia de abogados, los dos abuelos abogados, hermanos mayores abogados y me intereso siempre tres cosas: literatura, geografía e historia. Al final me decidí por la historia en tanto que pensé que se puede hacer literatura y geografía desde la historia y más difícil hacer desde otra. En la práctica tampoco fue muy fácil, si he seguido leyendo como antes literatura pero la geografía me empezó a interesar cada vez menos y menos, ósea no como admirarse de paisajes sino más interesado.

Pero por otro lado, también porque en mi casa estamos hablando de una tendencia muy fuerte de letras. Como yo soy de los últimos, el último de los varones, siempre me miraron como que yo debía ser o el médico o el ingeniero, porque en la familia no hay. Entonces medico lo descarte rápidamente porque tengo fobia a la sangre pero ingeniero no, creo que al final logré hacer prevalecer lo que yo quería estudiar y eso es bueno para todos. Porque estamos hablando de los años 70, donde ser historiador era, en broma, comer solo los primeros dos días del mes, cinco días del mes y después que vas hacer, algo así. Me parece genial haber hecho prevalecer esto, no me arrepiento desde ninguna perspectiva. Creo que hasta volvería a ser historiador si es que volviera a nacer.

Desde que comenzó a estudiar en San Marcos a la actualidad ¿cómo considera que ha evolucionado la ciencia histórica en el Perú?

Bueno, lo que pasa es que la historiografía ha cambiado no solamente en el Perú, en San Marcos sino en todo el mundo. Yo me he formado más como un historiador que piensa en las estructuras de la sociedad: la economía, las relaciones sociales y las políticas de largo plazo. Sin embargo eso bastante ha pasado a ser una de las tendencias que creo que se necesita vitalizarla más todavía. Ahora muchos estudian coyunturas, estudian casos más concretos, estudian casos singulares más que tendencias de largo plazo, más que las estructuras sociales junto con las económicas y las políticas para poder entender. Hay cosas positivas por supuesto en estas innovaciones, pero a mí me parece que no hay que olvidarse de esta tendencia genérica por mirar más específicamente y preferentemente lo puntual.

En su opinión ¿Qué características contempla la investigación histórica que la diferencia de otras investigaciones?

Mira no hay historia donde se carece de dos elementos: uno es la dimensión temporal, la diacrónica. Es decir, el fenómeno entendido a través del tiempo, que cambia a través del tiempo. Y lo otro es lo social, no se trata de cualquier fenómeno sino tiene que ser un fenómeno social. Esto si es básico porque la historia no estudia el pasado, la historia no estudia el tiempo, la historia estudia la sociedad en el tiempo. Es muy diferente esto porque un estudio de las armas antiguas, para mí no sería historia, sería un estudio para una oploteca, sería un estudio para un museo, sería un estudio sobre algo concreto material. La historia no estudia los elementos materiales solamente, si es solamente de eso, no es historia.

Será historia cuando se estudia la sociedad o digamos las armas en el sentido de ser un artefacto, es decir hecho por la sociedad para la sociedad pero no las armas como tal, como objetos materiales. Si la historia es el estudio de la sociedad a través del tiempo y los cambios sociales a través del tiempo, cambios significativos sociales a través del tiempo, entonces hay dos cosas: se identifica fácilmente la historia pero además se identifica cualquier otro trabajo que no sea formalmente de historia pero sí como que es de historia. Ósea, el trabajo por más que lo haga un antropólogo de profesión, si tiene en cuenta el cambio social a través del tiempo, es de historia por más que no tenga el rotulo de historiador. Pero también esta lo otro, si el trabajo aunque sea de historiador pero que no sea de cambio a través del tiempo, cambio social a través del tiempo entonces no es de historia, puede ser cualquier otra cosa, no lo vamos a discutir. 

PREGUNTAS SOBRE SU PERCEPCIÓN DEL ÁREA LABORAL:

Cambiando de tema ¿cómo se inició en la docencia? y ¿qué ventajas se obtiene un historiador al ejercer la docencia?

Empecemos por la segunda, la gran ventaja que se tiene de la docencia es que permite la investigación, es más exige la investigación. Claro tú puedes ser el profesor que tiene sus apuntes amarillentos, puedes serlo y seguirás siendo siempre, pero dejaras de ser historiador. La docencia, la buena docencia por supuesto, te permite seguir investigando y te exige ser investigador pero hablo de buena docencia no solo por a quien enseñas porque toda docencia es buena en ese sentido, no es mejor una que otra. Pero la buena docencia en el sentido del trato laboral porque si te van a pagar diez soles por hora, cuantas horas necesitas una remuneración más o menos decente para vivir tú y tu familia. ¿Cuantas horas al día? claro pero estas trabajando ocho horas al día, regresas sin alma a casa y cuando podrás trabajar lo tuyo.

Entonces a mí me parece que tiene que estar ligado a esto, tu pregunta tiene que estar ligada a condiciones laborales. Un buen docente tendrá que ser aquel que  puede con un horario decente y aceptable, teniendo el tiempo suficiente para dedicarse a la investigación. Y eso no lo dan normalmente los colegios nacionales y colegios particulares malos no te lo dan, porque ahí es donde te pagan diez soles por una hora y terminas trabajando demasiado. Lo que si te lo da es la universidad pero buenas universidades no malas. Malas universidades no te pagan diez, de repente te pagan veinticinco, treinta o algo por el estilo y tú no tienes como organizar tu tiempo libre entre comillas. Entonces creo que la docencia tiene que ser en ese sentido buena para ser de calidad porque si tú no investigas vas a ser un profesor de apuntes amarillentos. En cambio si tú investigas puedes ser un excelente profesor del nivel que sea.     

La primera parte de la pregunta se refiere a cómo llego y en realidad yo llego a la docencia porque primero pude trabajar con el profesor Macera en el Seminario de Historia Rural Andina hasta que tuve que salir de ahí porque era un excelente trabajo, me ayudó muchísimo eso, pero pesimamente remunerado. Es más, había meses que no me pagaban nada, me pagaban muy poco pero hasta meses enteros que no me pagaban. Y como yo tenía esposa e hijo tuve que buscar un trabajo que si tuviese plata pero precisamente usaba todo el tiempo libre para investigar. Al principio entro a la docencia de un colegio, el colegio Franco Peruano, que pagaban muy bien para mí que no tenía trabajo. Pero los mismos profesores que tenían años se quejaban de todo eso, para mí era un paraíso pero para ellos no.

Estuve ahí dos años antes de cumplir, en ese entonces, los tres para poder ser ya nombrado y a todos los que estábamos en esas condiciones nos sacaron. Pero paralelamente entro a San Marcos, contratado en el año 85 a tiempo parcial con una remuneración muy baja pero que sin embargo me ayudó muchísimo a empezar esta tarea de trabajo universitario con muchas otras satisfacciones. Entonces del año 85 al año 90 yo fui contratado a tiempo parcial con remuneración horrible, entré al concurso.  Y me parece excelente porque dictar historia en una universidad pública te  garantiza bastante la libertad no así en una universidad privada, las privadas si tienen parámetros a pesar de lo que dicen de San Marcos. Las universidades privadas, sobre todo las malas universidades, tienen demasiados parámetros. Para empezar los cursos que dictas tienen sesgos, ósea los dictas tu pero con un conjunto de otros profesores. En muchas universidades no tienes la libertad para elegir temas o enfoques. Tengo también experiencia en la universidad de los jesuitas, la Antonio Ruiz de Montoya y lo que puedo decir es que los jesuitas son una orden que privilegia esta libertad, ellos mismos lo ejercen y entonces nos dejan ejercerlas. Entonces ahí no hay curso que todos tengamos que dictarlos igualitos porque eso en mala universidades te hacen examen único y si hay eso todos los profesores tiene que estar en el mismo ritmo y con los mismos temas, pero en este caso no.   

En la actualidad un número elevado de alumnos de últimos años y egresados de historia se dedican a laborar en archivos ¿Por qué creé que sucedo ello?

Yo lamento mucho eso porque se trata de una mala concepción de lo que es el trabajo del historiador. El trabajo del historiador tiene cuatro ambientes, uno es la docencia, otro es la gestión, otro es el trabajo en archivos pero el principal es la investigación. La investigación es el principal, el que tiene que ser la base de todo porque uno será mejor docente, como venimos diciendo, si eres investigador, uno será mejor gestor si eres investigador y uno trabajara en archivo mejor si eres investigador. Pero el problema con el archivo es que al hablar de archivo uno tiene que estar refiriéndose principalmente al archivo histórico no al archivo de gestión. No al archivo que puede tener una institución pública privada económica que maneja sus papeles cotidianos que necesita para los trámites que realiza, ese es el problema. Sería mejor si fuese en archivos históricos pero no, casi el cien por ciento de los egresados de historia se encuentra trabajando en archivos. El gran problema es que ahí se quedan y entonces tú te encuentras con un egresado que tenía su proyecto muy bueno pero diez años después y sigue en el mismo archivo donde trabajaba y eso es bastante feo.

No es malo trabajar en archivo, por supuesto, porque todo trabajo es bueno siendo honesto, es dignificante pero para eso no es lo que has estudiado. Entonces esto se privilegia porque hay una tendencia aquí en San Marcos, y en otros lugares también, a pensar que el historiador hace bien las cosas si es que entra a trabajar a un archivo. Lo que pasa es que como casi no hay carrera de archivero, casi no hay, son muy pocos los que han desarrollado sus habilidades según una instrucción formal en la Escuela Nacional de Archiveros o en el exterior. Como casi no hay se suple con gente de historia que maneja la documentación ósea tiene esas habilidades para manejar la información y documentación así es que son contratados por los archivos.  Y como trabajan en actividades bastante importantes como son entidades grandes pueden salir ganando 1500 soles, solamente habiendo egresado. Yo hubiese querido ganar eso al momento de salir de la universidad, los hubiese necesitado realmente. Pero que sucede es que esto está bien para iniciar y mientras tú haces la investigación para la tesis, por ejemplo, pero no para quedarte. Pasan los años, tres años después sigues ganando lo mismo, máximo te han aumentado por tus calificaciones pero diez años después estas ganando solo 3000 y ahí llegaste a tu tope. Sobre todo en una entidad pública donde tienes una escala de remuneraciones que es más inflexible y lo que fue atractivo en un principio ya no lo es pero ya te quedaste.

Entonces a mí me parece que es un buen trabajo inicial, además con la condición que no sea como mucha gente termina siéndole, sabe cuándo llegar al trabajo pero no sabe cuándo salir. Sabe que a 8:30 am tiene que entrar al trabajo pero no sabe, siendo las 7 pm, que de repente va a salir o no. Siendo un trabajo de transición hacia una madurez me parece que tiene que ser también un trabajo que permita esa transición, es decir terminar la tesis, concluir los estudios si todavía falta algo y hacer una maestría, por ejemplo. Sobre todo ahora maestría que se necesita para ser profesor universitario, entonces trabajas en un archivo mientras haces la maestría con los estudios y la tesis; ahora sí, chau archivo, me voy a una universidad para poder encontrar un trabajo.        

Justo mencionó un tema muy interesante para nosotros con la gestión cultural, ¿cómo se está abriendo el campo laboral de la gestión cultural para los egresados en historia?

Es muy importante porque yo creo que todavía la sociedad tiene que abrirse, se abierto mucho más de lo que antes existía. El tema está en que a mí me parece que todo gobierno local, municipal, distrital, provincial, regional, instituciones necesitan tener algo así como asesores culturales, todos. Que estén pensando todo el año que hacer como proyección a la sociedad, como responsabilidad social. Inclusive las entidades económicas privadas necesitan esta responsabilidad y uno de los gestores, no el único, porque también puede ser un historiador, también podría ser un arqueólogo, un antropólogo, un sociólogo pero digamos que uno de ellos es un historiador. El tema está en que no todas las entidades entienden la necesidad de aportar algo a la sociedad, devolverle algo a la sociedad desde la perspectiva de una gestión cultural.

Inclusive no todos los municipios o gobiernos regionales tienen esto, donde sea un historiador, arqueólogo, antropólogo el que conduzca la gestión, es decir actividades de extensión cultural para la sociedad. Inclusive también debería poder ver un calendario cívico en la localidad para ver que se acerca el aniversario de fundación, entonces hay que ver cómo hacemos para mantener una serie de actividades que permitan mantener la memoria colectiva del pueblo, de la provincia, distrito, región o departamento. Entonces yo creo que se ha abierto mucho más, estamos mucho mejor  pero una de las tareas que yo le digo a los estudiantes es que cada quien tiene que tratar de abrirlo. Es decir, presentarse y tocar la puerta de tu municipio donde naciste, de tu familia o donde vives y decirles: “oye mira, yo vivo aquí, soy de aquí, soy historiador” y cuando te digan: “¿y eso que significa?” explicarles: “mira, yo he visto que no tenemos en nuestro municipio [o distrito] un programa cultural ¿qué te parece si lo hago?”. Entrando, abriendo el mercado, creando el mercado, creando las necesidades y solucionándoles los problemas a una burocracia que no entendía y por eso no lo hacía.

Pero la burocracia también entiende cuando no ve su cargo amenazado si entiende y apoya. Lo único que si recomiendo es en campaña electoral no ir porque todos los candidatos te van a prometer: “Si eso lo hacemos, por supuesto, excelente idea, ven a buscarme”, apenas ganan vas a buscarlos y no están, para ti no están. Porque es mal momento, hay que escoger en los momentos pacíficos, digamos. Apacibles en el sentido que no hay una ninguna urgencia, todavía queda todo un año para la celebración. Ahí es donde decimos: “mira este año no se hizo nada porque no hacemos el próximo año, te puedo ayudar en esto, te soluciono el problema”, claro no decirlo tan directamente pero al alcalde decirle: “mira tú te puedes ganar el cielo con las aves marías que yo voy a rezar”, algo así.  



                       Profesor Francisco Quiroz Chueca 
                       Foto tomada de César Ayala Diago 
                    (https://www.facebook.com/cesar.a.diago)                     

Entonces se podría decir que este sería el nuevo reto al que se enfrentarían los egresados en historia.

Es un nuevo reto no para historia solamente, para todos. Es un reto bastante simpático porque yo prefiero que en muchacho este en cuatro paredes burocráticas que en cuatro de un archivo. Es decir, ahí por lo menos tienen más posibilidades de ser creativos, de hacer un parque histórico en tu distrito, de crear una biblioteca histórica también que influya lo histórico y hacer un programa con los colegios. Hacer un programa de los famosos miércoles o jueves culturales, sábados, tarde culturales en el distrito, donde puede no ir mucha gente pero si va algún interesado y visitar los colegios, ahí hacer las cosas con los profesores y estudiantes. Ver las instituciones que hay en la localidad, tratar de animarlas para que se incluyan, aunque sea pagando un poquito los costos. Pero eso es mucho mejor y aprendes mucho más que cuatro paredes. 

Yo creo que si hay mucho potencial en esto, es más existen normas que te apoyan en esto porque en educación se obliga a tener contenidos locales que no existen hechos. Entonces arqueólogos, antropólogos historiadores, sociólogos, podríamos trabajar en esto para municipios, es decir: “Mira, la ley dice que el 30% de los materiales de los contenidos de los cursos tienen que ser locales. Ustedes tienen poetas, tienen narradores, tienen una geografía, tienen una economía, tienen historia, tienen tantas cosas. Nosotros vamos a determinar eso para poder trabajarlo”, eso sería genial, lo pueden hacer ahora. Yo creo que hay que sensibilizar como se dice, sensibilizar al burócrata para que el burócrata entienda que lo que tú estás haciendo no es venir a complicarle la vida, ni a quitarle el trabajo, sino más bien facilitarle las cosas.

PREGUNTAS SOBRE EL CONTEXTO ACTUAL:

Profesor, ¿cuál es su opinión sobre la propuesta de crear el Colegio de Historiadores?

Por ahí viene el caso, el problema está en dos cosas: uno es que existen colegios de todas las especialidades menos de historia. Y dos, en ninguna parte, casi, del mundo hay colegios de historiadores, nosotros seriamos el único o casi el único. Entre estos dos extremos, donde técnicamente un colegio sería positivo, es más, cuando le pregunten en la mesa directiva del congreso en un momento: “esta este proyecto de la creación de un colegio para los historiadores” lo más probable es que todo el mundo vayan a votar a favor pensando pobrecitos los historiadores no tenían colegio, felizmente van a tener. Porque uno siendo abogado, siendo psicólogo, siendo periodista, siendo trabajador social, siendo arqueólogo van a pensar que todos estos legisladores: “claro, tenemos y ojala los historiadores también tengan el suyo y que funcione bien”.

¿Cuál es el problema de esto y por lo cual yo me opuesto, y me sigo oponiendo? Tiene una ventaja que es la más fundamental que es trabajo no garantizado pero por lo menos cuando una entidad pública necesite de un historiador no vaya a recurrir a un antropólogo, ni a aun arqueólogo, ni aun sociólogo ni menos a un xx. Con lo cual al historiador lo van a solicitar, esa es la gran ventaja. Las otras ventajas aducidas, en realidad se suplen con asociación de historiadores no con un colegio de historiadores; las otras ventajas son aglutinar a los historiadores. Es decir, como que los historiadores estemos organizados, nos conozcamos, tengamos actividades conjuntas, que apoyemos ciertas iniciativas como la creación de un museo, como que los archivos funcionen de una forma. Que no haya un jefe de un archivo por ahí que no esté haciendo las cosas bien y protestar nosotros. Porque ahora hay algo así en algunas provincias, entonces hay que decirle “tienes que actuar bien”, ¿cómo lo haces? el colegio de historiadores pero también los puedes hacer en una asociación de historiadores. Que necesitamos tener, digamos, congresos y esas cosas, el colegio pero también lo puede hacer una asociación de historiadores. Ósea la única ventaja seria laboral, que es importante sobre todo para la gente joven que empieza para que te contrate el municipio o el ministerio.

El gran problema de esto es que hay un tema que va más allá de lo laboral. No es como dicen algunos que se oponen porque el colegio te impone parámetros para hacer ejercicio de la profesión. No es así, esas son exageraciones de gente que también está en contra; si uno lee el proyecto de ley se va a dar cuenta que no existe eso. No es que el colegio meta sus narices en lo que tú estás haciendo, que vas a investigar, que vas a publicar, no. Lo que si hay es que el colegio, como otros colegios, tiene que velar el correcto desempeño profesional pero eso no significa que tienes que hacer una historia determinada. Lo único que significa es que tú vas a estar en salmoera en caso que cometas alguna irregularidad. Ahora que pasa que cualquiera de estas irregularidades, a mí me parece, no necesiten la existencia de un colegio, como por ejemplo, plagio. Tú no necesitas el colegio para ver ese caso porque plagio es un delito que afecta a cualquiera, sea o no sea colegiado. Abusos de autoridad, abuso sexual, acoso sexual por ejemplo, no tiene por qué verlo el colegio. En realidad se estaría creando un colegio para ver este tipo de cosas para que haya una suerte de tribunal de ética profesional. El colegio lo que tendría que hacer es sancionar y recomendar el retiro del título profesional que tienen un profesor que ha plagiado o que está abusando de otra manera.

Pero eso sencillamente lo puede hacer un tribunal del Poder Judicial, ósea yo no veo la necesidad. Lo único que sí creo es que la sociedad tiene que sensibilizarse más para que principalmente las instituciones y la sociedad en su conjunto vean a los historiadores como profesionales que puedan cumplir plenamente las actividades que se les encomiendan. Porque al final de cuenta el colegio no garantiza el trabajo, si van a contratar a alguien va a ser porque la carrera está muy bien vista y ese historiador está bien visto, tiene sus méritos y no por ser colegiado. Ósea es poco lo que en realidad aporta un colegio a conseguir un trabajo a los historiadores.

Hasta el momento con el actual gobierno ¿qué acciones ha implementado el Ministerio de Cultura para el desarrollo de la ciencia histórica?

En realidad este gobierno, como otros, ha visto esto desde una perspectiva tecnocrática. De hecho, los representantes, los jefes de archivos históricos son mucho más técnicos que historiadores. No tenemos un gran apoyo desde esta perspectiva y no sé si corresponda. En el sentido de poner a un historiador en la Biblioteca Nacional sea completamente mejor que tener a un bibliotecólogo. No me refiero a personas, sobre todo pensando en que medidas estarías apoyando la historiografía si estas colocando a historiadores en un puesto como este. No estoy muy seguro. En ese sentido si te colocan en puesto como tal, más que por tus condiciones de historiador, por tus vínculos sociales, vínculos amicales, institucionales, más que por tus méritos. Ahí no es tanto el amor a la historia, al historiador como una tecnocracia que está demasiado ligada a vínculos extra laborales, extra profesionales. Decir que el Estado pueda apoyar la historiografía en realidad, más debería apoyar a las instituciones que nos sirven: bibliotecas, archivos, museos, universidades. Esa es la labor, pero lo está haciendo y siempre será insuficiente.  

Una última pregunta, a puertas del bicentenario ¿qué cambios de interpretación histórica se han producido respecto a la visión de la independencia del Perú?  

Yo creo que todavía seguimos bastante atados a la idea de hace 50 años, es decir si el Perú se independizo o no, ósea si nos independizaron o nos independizamos. En otras palabras las investigaciones parten de esa idea, tratar de demostrar una idea u otra, pero ese es el empuje inicial. Ahora lo que ha cambiado y hay una tendencia sobre esto, principalmente conservadora, es tratar lo siguiente: uno, mostrar a Lima como protagonista de la independencia, cosa que siempre se ha negado. Lima no tuvo una opción separatista, siendo al final de cuentas le cayó del cielo. Y lo otro es la radicalidad del cambio, ósea el grado del cambio, hasta donde se llegó. Es decir, la idea es uno, mostrar a Lima como gran protagonista y dos mostrar ese fenómeno como si fuese un cambio radical, inclusive lo llaman revolución, la revolución de la independencia.

Es un término que lo utilizan desde siempre los norteamericanos, es un término que en América Latina lo usaban solamente los argentinos, La Revolución de Mayo. Pero se está extendiendo y al Perú lo quieren incluir en esto como si al hablar de la independencia seria la revolución de la independencia que en realidad habría que ver en qué medida los cambios producidos fueron tan radicales como para aceptar que fuera una independencia revolucionaría. Yo tengo mis dudas sobre la radicalidad, si bien es cierto si es claro que el Perú cambia de ser una colonia a ser un país independiente, cambia de ser una monarquía a una república pero la radicalidad de estos cambios no me convencen mucho como para pensar que fuera una revolución, más bien lo niego.

Algunas palabras finales…

La historia es una disciplina que debe asumirse con seriedad por eso es que se estudia en la universidad. Hasta ahora no tenemos un Colegio de Historiadores, nadie puede ser acusado de meterse en la historia legalmente, a nadie le pueden decir “oye tú no puedes ser historiador porque no has estudiado historia”, pero eso no quita que para ser historiador necesitas tener una formación académica al igual que otras disciplinas: la arqueología, la sociología, la antropología, para algo vas a la universidad. Porque tú puedes ser un arqueólogo práctico pero lo que te falta es la metodología de trabajo y eso también pasa en historia. Por eso yo creo que hay que asumir la historia como una actividad profesional, estoy en contra de la colegiatura de la historia pero eso no quita que sea una profesión eso no quita que sea un conocimiento científico social, es una ciencia social. No quita que tengamos normas de ejercicio de la historia y eso se aprende en la universidad, para eso estamos en la universidad. A los pos-modernos que dicen que cualquiera puede hacer historia, que hacen en la universidad entonces, ¿por qué están en la universidad?  

EL TURISMO CULTURAL, UNA HERRAMIENTA DE TRANSFORMACIÓN SOCIAL

Autor:
Daniel Espinoza Reynaga


El turismo suele ser considerado como una actividad dinámica, si creemos que es una actividad que surgió producto de la revolución industrial, no es así; el turismo estuvo presente desde el génesis de la historia de nuestra humanidad, tal vez de manera inconsciente los nómadas o sedentarios se convertían en los primeros turistas.

Sin embargo, con el tiempo esta práctica fue evolucionando, y con ella surgieron diferentes variantes, las cuales manejaban a su vez un común denominador llamado ‘intercambio cultural’, ya que en cualquier modalidad de turismo, se tenía como característica el ‘dejar o llevar algo’.

Todas las formas de hacer turismo aportan al desarrollo económico y social, pero existe una que está imbricada en la cultura y, por sus características, resulta una potencial herramienta de transformación social, nos referimos al turismo cultural.



Recuperado de: http://www.andina.com.pe


ICOMOS define al turismo cultural como “un movimiento de personas esencialmente por una motivación cultural, tal como el viaje de estudios, representaciones artísticas, festivales u otros eventos culturales; visitas a lugares y monumentos, folklore, arte o peregrinación”.

Los consumidores que practican esta modalidad de turismo tienen una motivación multidimensional, las experiencias que buscan encontrar en sus viajes no son limitadas, esto conlleva a que este tipo de turismo se desarrolle de manera armoniosa entre lo económico y social –siempre y cuando–  exista de por medio una óptima gestión.

Para entender mejor los beneficios se puede separar ambos términos: por un lado el turismo tiene un beneficio de carácter económico que otorga valor al patrimonio cultural y al espacio geográfico donde se encuentra. En cambio, mediante la cultura, el desarrollo del turismo permite que los recursos obtenidos se destinen a la protección del patrimonio; se incentiva el desarrollo del lugar y se genera puestos de trabajo, apoyando de esta manera a la preservación de las tradiciones, promoviendo la identidad y reduciendo también los problemas sociales.

Ante tantos beneficios, queda la interrogante sobre si el aprovechamiento del potencial que tiene nuestro país se está desarrollando de manera óptima. El turismo es el sector que más ha crecido económicamente y se ha convertido en un eslabón muy importante dentro de la cadena económica nacional; sin embargo, seguimos siendo testigos de panoramas que no evidencian un progreso en los lugares que –irónicamente- reciben miles de visitas.

Urge gestionar el turismo y nuestro patrimonio de manera eficiente, tenemos una extraordinaria oferta cultural gracias a nuestra historia y geografía. Un ejemplo de ello son las huacas ancestrales acentuadas en diferentes zonas de nuestra capital, así como un centro histórico que agoniza, pero que sigue y seguirá incentivando el interés de visita debido a sus hermosos estilos arquitectónicos. 




Fuente: diario “La República”



Es tiempo de ver al turismo cultural como una herramienta que puede afectar y transformar nuestra sociedad, no únicamente por su carácter económico, sino también por el impacto positivo que se materializa en la sostenibilidad y preservación de nuestro patrimonio, la construcción de la identidad nacional, y la promoción de tradiciones y valores, que en conjunto, son fundamentales para contribuir al desarrollo de nuestra sociedad.


Fuentes consultadas:

Joaquín Saúl García Marchante,María del Carmen Poyato  Holgado, ( 2002). La función social del patrimonio histórico:  el turismo cultural, ediciones de la universidad Castilla- La Mancha. 

http://www.uesc.br/revistas/culturaeturismo/edicao3/artigo1.pdf

http://api.eoi.es/api_v1_dev.php/fedora/asset/eoi:80090/EOI_TurismoCultural_2013.pdf